monasterio de Santo Estevo

Monasterio de Santo Estevo y el misterio de los 9 anillos

El monasterio de Santo Estevo se encuentra en plena Ribeira Sacra, concretamente en el municipio de Nogueira de Ramuín, en la provincia de Ourense. Si buscas un lugar para desconectar estás en el lugar indicado. Rodeado de un bosque puedes visitar su iglesia y sus claustros de forma gratuita, pero también tienes la opción de alojarte en él, porque desde 2004 forma parte de la red de Paradores. Esta joya arquitectónica es una parada imprescindible en tu visita a la Ribeira Sacra.

El monasterio de Santo Estevo se construyó entre los siglos XII y XVIII, aunque se cree que fue fundado en el siglo VI por San Martín Dumiense. Es un monasterio benedictino que ha sufrido numerosas transformaciones y donde podemos ver diferentes estilos. Después de la desamortización el edificio estuvo abandonado y casi en ruinas. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1923.

Monasterio de Santo Estevo
Monasterio de Santo Estevo / Curiositravel

La leyenda de los nueve obispos

Ansurio, Vimarasio, Osorio, Froalengo, Servando, Viliulfo, Pelayo, Alfonso y Pedro son los nombres de los nueve obispos que, en entre los siglos X y XI, se retiraron a este monasterio huyendo de la invasión árabe y buscando un lugar tranquilo donde terminar sus días. Venían de diferentes ubicaciones: Astorga, Ourense, Coimbra y Braga. Cada obispo tenía su propio anillo episcopal y su mitra, gorro alto y apuntado.

Sus anillos se volvieron famosos porque se les atribuían poderes de curación. Los enfermos acudían para que los sanaran, y los sacaban del monasterio para llevarlos a las casas de la mujeres que iban a dar a luz para que el parto fuera bien. Los milagros atribuidos a estos monjes hicieron que aumentaran las donaciones y el monasterio vivió su época de mayor esplendor.

A su muerte, los obispos fueron enterrados en el Claustro dos Bispos junto con los anillos. A él peregrinaban los fieles en busca de milagros. Debido a la cantidad de gente que acudía, los monjes en el año 1463 decidieron trasladar sus cuerpos a la iglesia para poder volver a su vida tranquila y de retiro. Los anillos los colocaron en una caja de madera, pero en 1594 los restos de cada uno, junto con los anillos, se separaron en pequeñas cajas de castaño. A los anillos se les pierde la pista en el siglo XVII, y a partir de ese momento no se volvió a saber de ellos.

El bosque de los cuatro vientos

En agosto de 2020 la escritora María Oruña publicó el libro El bosque de los cuatro vientos. La historia está ambientada en el monasterio de Santo Estevo. El libro nos cuenta dos historias ambientadas en diferentes épocas: una a comienzos del siglo XIX y otra en la actualidad, donde Jon Bécquer, un famoso buscador de tesoros y obras de arte perdidos, acude al monasterio a descansar y acaba investigando la leyenda de los nueve anillos.

Tres meses después de publicarse este libro la historia ha pasado de ser una ficción a hacerse realidad. Durante las obras de restauración de los relicarios laterales de la iglesia, donde se encuentran los restos mortales de los nueve obispos, han aparecido unos anillos en el interior de una bolsa de tela con bordados en hilo de oro. Sólo hay cuatro, pero en el interior de la bolsa también había un pergamino y un papel datado en 1785 en el que especificaba que: “Estos quatro anillos son de los que quedaron de los nueve Santos Obispos. Son los que han quedado. (sic) Los demás desaparecieron. Por ellos se pasa agua para los enfermos y sanan mu[chos]”.

Como curiosidad, la restauradora que los encontró también aparece en el libro, pero con distinto nombre. Aún no han aparecido los cinco anillos restantes, pero la autora los sigue buscando.

Monasterio de Santo Estevo

Aunque no te alojes en el monasterio, sí que puedes visitar tanto los claustros como el bosque al que tienes acceso desde la cafetería del parador. El Parador cuenta con 77 habitaciones, restaurante, cafetería, jardines y spa. Realizan visitas teatralizadas nocturnas en las que un monje te cuenta la historia del monasterio.

Monasterio de Santo Estevo interior
Interior del Monasterio de Santo Estevo / Curiositravel

En 2009, Santo Estevo se convirtió en el primer Parador-Museo, y es que a lo largo de sus diferentes estancias y claustros podemos ver más de treinta paneles informativos que nos sirven de guía.

La fachada principal del monasterio es barroca y en ella podemos ver tres escudos:  el famoso escudo de los obispos, el de la congregación de San Benito de Valladolid y el escudo de Castilla y León con un águila bicéfala, ya que el monasterio perteneció a la congregación de San Benito de Valladolid.

Iglesia

La iglesia se encuentra al lado de la fachada principal del monasterio, es de base románica aunque tiene elementos de estilo gótico. Está formada por tres naves separadas mediante arcos apuntados. En ella es donde se han encontrado los cuatro anillos de los obispos.

Al lado de ella se encuentra un pequeño cementerio.

Monasterio de Santo Estevo iglesia
Iglesia y fachada principal / Curiositravel

Claustros del monasterio de Santo Estevo

El monasterio de Santo Estevo cuenta con tres claustros, cada uno de ellos construido en un estilo diferente:

Claustro Dos Cabaleiros: es el primero que te encuentras nada más atravesar la puerta de entrada al monasterio. Es el más impresionante por su tamaño, y las esculturas de dos caballeros te dan la bienvenida. Este claustro es de estilo renacentista y en uno de sus lados está la cafetería acristalada del Parador. En la primera planta se encuentran las habitaciones que son las antiguas celdas donde se alojaban los nobles cuando visitaban el monasterio.

Claustro dos Bispos: es el más antiguo, y se construyó para homenajear a los nueve obispos que se retiraron en este monasterio. Es de planta rectangular y tiene dos cuerpos, uno de estilo románico y otro posterior, de estilo gótico.

Claustro do Viveiro: es el último claustro visitable. Debe su nombre a que antiguamente había una fuente gigantesca que ocupaba toda la superficie del claustro, aún podemos ver por dónde entraba y salía el agua. Era el vivero de los monjes, allí pescaban salmones, sábalos, lampreas, truchas y anguilas que traían de las pesqueras del Sil y del Miño.

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