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El patrimonio románico de Segovia

El área de Cultura de la Diputación de Segovia organiza del 17 al 19 de agosto la segunda edición del programa ‘Aproximarte’ para invitar a los vecinos de las localidades de Duruelo, Valdesaz y San Pedro de Gaíllos a conocer en profundidad el patrimonio románico que atesoran sus iglesias, de la mano de los expertos de ‘Caminos del Románico’. La institución provincial también editará unos folletos sobre los templos como recurso turístico.

La iniciativa ‘Aproximarte’ son sesiones de entre dos y tres horas de duración tras la cual los participantes serán capaces de identificar y entender las señales iconográficas presentes en el templo o comprender cómo llegó hasta su localidad una determinada escultura o un lienzo en concreto. El conocimiento del patrimonio más cercano, explicaron desde la Diputación, ayuda a los vecinos “a sentirse más identificados con sus municipios” y “con las señas culturales” que atesoran desde hace siglos.

La primera cita es el viernes 17 de de agosto, a partir de las 20.00 horas, en la iglesia de la Natividad de Duruelo, el sábado será el turno de la iglesia de Santa Cristina de Valdesaz, a las 19.00 horas, y concluirá el domingo, a las 18.00 horas, con el iglesia de San Pedro de Gaíllos. La Diputación también editará unos folletos turísticos de cada uno de estos tres ejemplos del románico e instalará en ellos una placa de metacrilato con un código bidi, con su descripción histórico-artística.

Fuente: ICAL

San Pedro de Gaíllos.

Espectáculo de las Fuentes Monumentales de La Granja de San Ildefonso

Las Fuentes Monumentales del Real Sitio de La Granja de San Ildefonso (Segovia) continuarán corriendo durante el mes de agosto, aunque verán reducidos los días de funcionamiento inicialmente previstos debido a la disminución del nivel sobrante de agua a causa de varias averías producidas en la red de suministro urbano, ajenas a Patrimonio Nacional. Así, con el horario habitual de comienzo de las 17,30 horas, las fuentes funcionarán los sábados 11 y 18 de agosto, además del miércoles día 15, festividad nacional, en su programa normal, alternando los grupos de fuentes, y el 25 de agosto, festividad de San Luis Rey de Francia. El precio de la entrada para estos días en San Ildefonso será de 4 euros mientras que el 25 de agosto, como es tradicional, será gratuita.

El sábado 11 de agosto correrán los grupos de fuentes de ‘Carrera de Caballos’, ‘Ocho Calles’, ‘Ranas’ y ‘La Fama’. El miércoles 15 y el sábado 18 de agosto funcionarán ‘Canastillo’, ‘Ranas’, ‘Baños de Diana’ y ‘La Fama’. El sábado 25 de agosto correrán, por este orden, los grupos de fuentes ‘La Selva’, ‘Carrera de Caballos’, ‘Canastillo’, ‘Ocho Calles’, ‘Ranas’, ‘Baños de Diana’ y ‘La Fama’.

Por lo que respecta al funcionamiento en horario nocturno de ‘Los Baños de Diana’, cuyo precio de entrada es de 2 euros, se mantiene el programa inicialmente previsto para los próximos sábado 11 y 18 de agosto, con apertura de los jardines desde las 22 a las 24 horas.

Durante el pasado mes de julio, 20.165 personas contemplaron el funcionamiento de las Fuentes Monumentales del Real Sitio de San Ildefonso. En los días 1, 4 y 5 de agosto acudieron 4.446 personas.

Fuente: Agencia ICAL

El templo del ‘Indiana Jones’ de los libros

La vida de Fernando Gutiérrez siempre ha estado vinculada con los libros. Siendo muy joven, su padre abrió la primera librería ‘Torreón de Rueda’, en la calle Escuderos de Segovia, y solía acompañarle cuando iba a comprar material. Ahora es el responsable de este templo dedicado al libro antiguo y usado, en un singular local en una pequeña pero histórica calle del casco histórico, vinculada con el oficio de la imprenta.

Fernando Gutiérrez es la segunda generación de esta familia apasionada por el libro, el papel, la encuadernación y las antigüedades. La librería ‘Torreón de Rueda’ ocupa un local con una superficie que ronda los 160 metros cuadrados. Largos pasillos, repletos de estanterías, para dar cabida a los 40.000 ejemplares, “sólo de libros”, que tienen catalogados. “El más antiguo”, explica Fernando Gutiérrez, “es de 1540 y el más moderno de hace tan sólo un año”. En un sólo lugar están recopilados seis siglos de arte y literatura.

“Está todo catalogado en el ordenador”, resume el propietario del ‘Torreón de Rueda’, y colocado por temas, que como curiosidad, están señalados, en al parte de arriba, con la misma imagen que el cartel del metro, ya que todo el cableado del techo está pintado con los colores de las líneas. Algunos temas, como novela, ensayo o poesía, además están por orden alfabético. Fernando Gutiérrez asegura que con el día a día, “al final sabes dónde está cada uno”.

Segovia y América

La sección favorita de los clientes es la local, dedicada a Segovia capital y su provincia. Cuenta, por ejemplo, con una primera edición de la obra ‘Historia de la insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla’ del historiador segoviano Diego de Colmenares, que se publicó en 1637, y el más reciente, “una publicación de 2017 que es una recopilación de los conventos de Segovia que ya no existen”.

Para Fernando Gutiérrez es muy reseñable la sección dedicada a la Historia de América, en uno de esos pasillos centrales de la librería, “viene mucha gente de fuera para consultarla porque es muy completa para todos los estudiosos e investigadores de Hispanoamérica”. Hay mucho por consultar y descubrir en el ‘Torreón de Rueda’, que tienen tantos libros que muchos clientes le preguntan si es una biblioteca, pero aquí “todo está en venta”, aunque se pueden hojear y consultar.

Los clientes de Fernando Gutiérrez son muy variados, desde el coleccionista de libro antiguo muy especializado, que busca primeras ediciones, al cliente diario que busca novelas que están descatalogadas o un libro de autores clásicos. Hay personas, remarca el librero segoviano, a los que les gusta pasarse todas las semanas para ver las novedades y turistas franceses y alemanes, que se decantan por las publicaciones sobre viajes y literatura española.

Más que libros

En el ‘Torreón de Rueda’ hay más que libros porque también son especialistas en grabado, fotografía antigua y mapas. “Todo lo relacionado con el papel”, asegura. Curiosamente los grabados tienen un gran éxito entre los turistas de países orientales, que se llevan imágenes de Segovia o de vistas de otras localidades españolas.

La librería llama la atención por su contenido y por su estética. “La decoración es cosa de mi padre que siempre le han gustado las antigüedades” que solía adquirir cuando iba hacer compras de libros, y las fue guardando. “Ahora que tenemos más espacio las puede utilizar”. Un comercio con reminiscencias del pasado pero muy anclado en el siglo XXI, con una completa página en internet, con todos sus fondos y para hacer peticiones de búsqueda.

Con oficio

A sus 37 años, Fernando Gutiérrez lleva el oficio de librero lo lleva en la sangre. Siendo muy joven, cuando su padre abrió la librería en 1991, solía acompañarle a los domicilios particulares que vendían bibliotecas completas y colecciones “de herencias”. Confiesa que le encantaba husmear y curiosear en los áticos y las buhardillas, “soy un poco como un Indiana Jones de los libros”. El mercado del libro antiguo se sigue basando en la compra de herencias, adquisiciones a otras librerías y pujando por los catálogos de casas de subastas.

Fernando Gutierrez recuperó el nombre de la librería que le puso su padre, por su ubicación los bajos del torreón de la casa de los Rueda, en la calle Escuderos. También estuvo un tiempo en la villa de Pedraza y, “durante 14 años”, en un emplazamiento tan singular y literario como la Casa-Museo de Antonio Machado.

Una calle muy especial

En 2015, ‘Torreón de Rueda’ abrió sus puertas en la calle donde tenían el almacén, ante la falta de espacio en la casa de Machado, en un local que no se había utilizado desde la restauración del edificio. En este mismo lugar, estuvo la última imprenta ligada a esta calle, Gábel. César Gutiérrez cuenta que lo largo de la historia de ciudad, se instalaron hasta ocho imprentas. Una anécdota que está reflejada en un cartel que se puede leer en el exterior de la librería.

Entre los segovianos, esta vía estrecha y empinada, es conocida como ‘La Apotenda’ pero lleva el nombre de Grabador Espinosa, en recuerdo al murciano Antonio Espinosa de los Monteros (1732-1812), cuyo taller estuvo ubicado en la parte más alta, recuerda César Gutiérrez, y “en esta calle sí estuvieron los sobrinos de sobrinos del grabador Espinosa”.

El anecdotario no de termina aquí, porque por si fuera poco, que la librería esté donde, durante tres siglos, se imprimieron publicaciones y libros de todo tipo, en esta calle vivió la pensadora y ensayista María Zambrano. Por este motivo, la familia Gutiérrez encargó un retrato, un moderno grafiti, de Zambrano, para la fachada, junto a una frase de la filósofa dedicada a Segovia.

Bangkok, hogar del Buda de Esmeralda

Uno de los atractivos turísticos de Bangkok, además de toda su gastronomía, es un templo budista dentro del Palacio Real, llamado Wat Phra Kaew o El templo del Buda Esmeralda. En su interior, se encuentra una estatua de no más de 45 centímetros de alto de un Buda sentado. Pese al sugerente nombre con el que se le conoce, está hecha en jade verde pulido y no esmeralda como su nombre indica, y sus ropajes están hechos de oro.

La construcción del templo comenzó cuando el rey Buddha Yodfa Chulaloke (Rama I) trasladó la capital desde Thonburi a Bangkok en 1785. Al contrario que otros templos, no contiene ningún lugar para que los monjes lo habiten, sino que sólo tiene edificios sagrados, estatuas y pagodas con una rica decoración.

El edificio principal es el ubosoth central, en el que se encuentra el Buda de Esmeralda. A pesar de que es pequeño en tamaño es el principal icono religioso del pueblo tailandés. La leyenda cuenta que la estatua se creó en India, pero que tuvo un largo trayecto antes de llegar a Bangkok. Después de siglos de cambios de ubicación, el general Chakri (que se convertiría más tarde en el rey Rama I) lo capturó de Vientián y lo llevó a Thonburi para luego llevarlo a su localización actual.

Muchos camboyanos creen que Wat Prah Keo, en Phnom Penh, sería el sitio legítimo en dónde debería estar el Buda de Esmeralda, y muchos de los habitantes de Laos consideran que el lugar legítimo es Haw Phra Kaew, en Vientián.

La muralla que se encuentra rodeando el templo está decorada hacia el interior con escenas de la versión tailandesa de la mitología de Ramayana, el Ramakian. Hacia el exterior las murallas están pintadas de blanco. Hay muchas figuras en el área del templo con imágenes de esta historia, de entre las cuales destacan los gigantes (yak) de cinco metros de altura. También surgen de la mitología hindú los reyes mono y los gigantes que rodean la pagoda dorada.

El templo también contiene un modelo de Angkor Wat, añadido por el rey Nangklao (Rama III), dado que el imperio Khmer de Camboya y los tailandeses comparten las mismas raíces culturales y religiosas. Por motivos culturales, se requiere llevar pantalones largos para poder entrar al templo.

Según cuenta la leyenda, el Buda de Esmeralda fue creado en la India en 43 a. C. por Nagasena en la ciudad de Pataliputra (hoy Patna). Según cuentan, tras permanecer en Pataliputra durante trescientos años, el Buda fue llevado a Sri Lanka para protegerlo de una guerra civil.

Las fuentes históricas indican que la estatua se encontraba en el territorio de la zona norte de Tailandia, en el reino Lanna, en 1434. Existe un relato sobre su descubrimiento que explica que un rayo golpeó una pagoda en un templo de Chiang Rai, después del cual se hizo visible algo bajo el estuco. Tras la excavación se descubrió el buda, y la gente creyó que la figura estaba hecha de esmeralda (de ahí su nombre).

Una villa con mucho que contar

Patricia Martín La historiadora del Arte Ana Herrero llevaba siete años trabajando para el Ayuntamiento de Sepúlveda (Segovia), en gestión cultural y turística, cuando se animó a hacer un curso de interpretación y descubrió “el poder del teatro para transmitir el conocimiento” y decidió montar su propio proyecto de visitas teatralizadas a la villa, bajo el nombre ‘Sepúlveda Viva’.

Ana Herrero explica que el trabajo que hacen es “interpretar Sepúlveda”, a través de varios itinerarios turísticos, en los que “vamos explicando la historia y en determinados momentos se hacen escenas de teatro”, que siempre están vinculadas con el contenido histórico. “Transmitimos la historia y la vamos ilustrando”, resume la fundadora de ‘Sepúlveda Viva’, con una labor previa de documentación e investigación “muy rigurosa” para unirla con “la parte emocional y vivencial” del visitante.

Cuatro personas dan vida a ‘Sepúlveda Viva’, guías, actores y historiadores. Ana Herrero conoce a la perfección el gran calado de esta espectacular localidad. “Estuve siete años trabajando para el Ayuntamiento de la villa, gestionando cultura, turismo y el Museo de los Fueros, y haciendo investigaciones”. El proyecto que tenía en la cabeza “lo había visto en otros lugares pero no durante todo el año y privado”, resume, y “decidí dejar mi trabajo”. La idea se ha consolidado cinco años después con el respaldo de 25.000 clientes.

La señorita Mardomingo

‘Vive Sepúlveda’ es el nombre de la visita que más satisfacciones le está dando a Ana Herrero, precisamente gracias a un personaje que ella misma interpreta, la señorita Mardomingo, Ana María Mardomingo Onrubia. “Es una historiadora nacida a finales del siglo XIX pero como le gusta tanto la vida no tiene tiempo de morirse”, remarca la actriz, “le parece todo tan estupendo, lo que va deparando el mundo, los avances, pero ella siempre fiel a su estilo y su época, entorno a 1910”.

La señorita Mardomingo tiene la costumbre de abordar a los grupos de visitantes que vienen a Sepúlveda y “la única manera de que se vaya es que el guía la mencione que se tiene que marchar a la biblioteca para continuar con sus estudios”. Ana Herrero asegura que la conexión y el cariño entre este personaje ficticio y la gente “es tremendo”, y ha calado tanto que ya tienen su propia línea de productos de souvenir.

Herrero remarca que está teniendo un gran éxito esta visita teatralizada dirigida directamente a pequeños grupos familiares que quieren hacer “un regalo original y personalizado por tan sólo 60 euros”. Previamente la familia les envía fotos e información sobre el motivo de la celebración y “la señorita Mardomingo, dentro de su guión sobre Sepúlveda, les va dando sorpresas” y muchos instantes cargados de emoción.

El personaje de Ana María Mardomingo Onrubia es, por un lado, un homenaje a los historiadores, cronistas, archiveros, a los guías turísticos, y por otro, quiere poner en valor a las mujeres cultas de esta época, “que las había en Sepúlveda aunque no era fácil porque tenías que pertenecer a un determinado grupo social”. La “excéntrica y simpática” señorita Mardomingo es un canto al “ conocimiento, libertad e independencia”. En cada una de sus apariciones, deja una profunda huella.

Entre luces y sombras

La propuesta de ‘Sepúlveda Viva’ tiene mucho que ver con los aspectos sociales del pasado y del presente. La ruta ‘Sepúlveda, entre luces y sombras’ se centra en el periodo medieval de la villa, en la repoblación y la Reconquista. Ana Herrero afirma que tratan de explicar cómo Sepúlveda “se consolidó como un lugar cristiano”, con un elemento clave, los Fueros, “el punto de partida de la villa hasta la actualidad”, de cómo era el comercio en la villa en la Edad Media, “las aduanas que se tenían que pagar para trasportar las mercancías y acceder al interior de Sepúlveda”.

La narración histórica hace referencia a las relaciones entre musulmanes, judíos y cristianos pero también del oficio del cantero, “al ser el momento de la construcción de las iglesias románicas” y contar “cómo se establecen los diferentes talleres”. En resumen, hablar “de uno de los oficios mas potentes de Sepúlveda y que hoy en día tiende a desaparecer”.

Isabel de Castilla

La historia de Sepúlveda está repleta de episodios que merece la pena ser narrados a viva voz, además de emocionar al público. Ana Herrero recuerda con especial cariño a un grupo de argentinos judíos que se emocionaron mucho al poder acudir a la villa segoviana para hacer la ruta ‘Isabel I en Sepúlveda, del alba al ocaso’, y se interesaron por conocer como se narraba la relación entre la reina de Castilla y los judíos porque, precisamente en Sepúlveda, “ocurrió uno de los momentos violentos contra los judíos más primitivo, en una fecha muy temprana, en 1468, que está muy documentado”.

Cada una de las visitas teatralizadas de ‘Sepúlveda Viva’ encierra una cuidada investigación histórica pero con “gran impulso pedagógico” para que nadie sienta desplazado porque no comprenda lo que le están contando. “El vocabulario, los términos técnicos, están ahí los decimos pero explicándolos para que ningún visitante se quede desconectado”. También pensando en los más pequeños, que en la ruta nocturna acompañan a Ana Herrero, mientras canta una canción con la que aprenden los contenidos de la visita.

La responsable de ‘Sepúlveda Viva’ remarca que su oferta está disponible desde marzo hasta finales de diciembre. Entre semana, reciben a muchos grupos de asociaciones, colegios y centros de mayores, y los fines de semana, a los particulares que quieran descubrir todo lo atesora el también llamado ‘pueblo de las siete puertas’.

Panamá, conexión entre océanos

Panamá, localizado en el istmo de mismo nombre, une a América del Sur con América Central, su territorio montañoso solamente es interrumpido por el canal de Panamá, la vía interoceánica que une al océano Atlántico con el océano Pacífico y cuya construcción, a principios del siglo XX, se reconoce como un hito de la ingeniería. Su condición de país de tránsito lo convirtió tempranamente en un punto de encuentro de culturas provenientes de todo el mundo. El país es el escenario geográfico del canal como obra que facilita la comunicación entre las costas de los océanos Atlántico y Pacífico y que influye significativamente en el comercio mundial.

El istmo de Panamá fue visitado por primera vez por los conquistadores españoles durante la expedición del escribano de Triana, Rodrigo de Bastidas, en el año 1501. Santa María la Antigua del Darién fue la primera ciudad fundada por los españoles con permanencia, en la Tierra firme del continente americano. Fue fundada por Vasco Núñez de Balboa en el 1510.

La ciudad de Panamá fue fundada el 15 de agosto de 1519 por Pedro Arias Dávila, conocido como Pedrarias, siendo la primera ciudad española en las costas del Mar del Sur u Océano Pacífico y la más antigua de tierra firme que existe hasta nuestros días como ciudad. Su fundación reemplazó a las anteriores ciudades de Santa María la Antigua del Darién y Acla, convirtiéndose en la capital de Castilla del Oro.

Durante los siglos XVI y XVII, Panamá fue blanco de constantes ataques por parte de piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros, como Francis Drake quien sufriría una derrota definitiva frente a tropas españolas en 1596, y Henry Morgan, así como algunos intentos escoceses de colonizar el Darién, en territorios denominados por ellos como Nueva Caledonia.

En general, Panamá tiene un clima tropical, muy caluroso durante todo el año en las costas y tierras bajas, modificándose hacia el interior a medida que se gana altitud, siendo las temperaturas agradablemente frescas hacia los 1000 msnm y frías por encima de 2000 msnm.​ Las precipitaciones son por lo general altas, con diferencias entre la vertiente del Caribe donde prácticamente no existe estación seca, y la vertiente del Pacífico, que presenta una estación seca muy marcada de diciembre a marzo.

La revista New York Times colocó a Panamá como el mejor lugar para visitar durante el 2012 tras haber recuperado el control del Canal, principal obra de infraestructura del país. El canal de Panamá es una vía de navegación interoceánica entre el mar Caribe y el océano Pacífico que atraviesa el istmo de Panamá en su punto más estrecho, cuya longitud es de 82 km. Desde su inauguración el 15 de agosto de 1914, ha conseguido acortar en tiempo y distancia la comunicación marítima, dinamizando el intercambio comercial y económico al proporcionar una vía de tránsito corta y relativamente barata​ entre los dos océanos, influyendo decisivamente en los patrones del comercio mundial.

Panamá es uno de los países étnicamente más diversos del mundo. Aunque el país es mayoritariamente monolingüe en idioma español, que es la lengua nacional y oficial del país, se hablan numerosas lenguas indígenas. Por su diversidad cultural, en el país se practica una amplia gama de religiones; sin embargo, desde aproximadamente 30 años no se conoce con precisión la cantidad de los asiduos a cada grupo debido a que la Contraloría General de la República de Panamá ha obviado preguntar en los tres últimos censos, es decir, en 30 años, la religión que profesa cada habitante del país.

La Olmeda: lujo romano en homenaje a Aquiles

Juan López “La Olmeda es una de las villas más importantes, fascinantes y mejor conservadas de la Hispania romana. La que más información sobre el medio rural del siglo IV nos ha dado”. El reputado historiador salmantino Gonzalo Bravo, catedrático de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid, lo tiene claro. “Aparte de la monumentalidad del Acueducto de Segovia o Las Médulas, las otras joyas del pueblo romano son las villas; y en ese capítulo La Olmeda es especial”, incide.

Los más de 4.000 metros cuadrados de yacimiento junto a Pedrosa de la Vega, de los que 1.500 son de mosaico en gran estado de conservación, han convertido a La Olmeda en un referente para estudiosos, profesionales y turistas. No en vano, la visita una media de 60.000 personas al año. Una finca propiedad de un aristócrata romano del siglo IV, dedicada principalmente a la agricultura y ganadería, en una rica zona agraria entre el Carrión y el Pisuerga, que ha dejado el legado de un lujo indudable representado en la ‘musivaria’ romana (industria del mosaico). Principalmente con el suelo del Oecus, el salón principal de la vivienda, que recoge la escena mitológica, convertida en leyenda, de ‘Aquiles en la isla de Skyros’, con una belleza, perfección asombrosa y alta conservación de las teselas a pesar del tiempo transcurrido.

Durante 1.600 años, La Olmeda estuvo enterrada. Pero el 5 de julio de 1968, a las 19.15 horas, Javier Cortes, agricultor y alcalde de Saldaña, rebajaba un terreno de una finca particular para poder regar. Y encontró un bloque de piedra que formaba parte de un muro. La curiosidad le animó a agarrar la azada y excavar, como potencial arqueólogo, hasta alcanzar el medio metro, donde observó, ennegrecida, una piedra “con rayas”, como él mismo definió en la época. Tras rasparlo con un cuchillo, halló un mosaico. Medio siglo después La Olmeda celebra por todo lo alto su cincuentenario, integrada en un edificio arquitectónico premiado en diferentes ocasiones.

Detalle de unos escalones que conducían a la segunda planta. / Brágimo

El motivo principal por el que los expertos convierten al yacimiento en uno de los más relevantes es el mosaico homenaje a Aquiles, en el Oecus, en unas condiciones de conservación excepcionales. Bravo justifica que el grado de humedad de la zona “no era excesivamente alto y mantuvo mejor las teselas” cuando ha estado enterrado. “Si hubiera estado húmedo, la piqueta las hubiera levantado”. Las dos terceras partes del mismo se conservan intactas.

Rompe con las teselas geométricas más frecuentes en los mosaicos de las villas romanas, con colores, líneas entrelazadas y motivos geométricos recurrentes. Pero es que en La Olmeda, prosigue el catedrático, “se combinan dos tipos de formas: la figura humana, a nivel de retrato, y animales y escenas de caza, con lobos, perros salvajes, animales fantasmagóricos, pero no zoomorfas, sino que parecen distorsionados, haciendo un tremendo esfuerzo, descoyuntados de los huesos”. “Son un poco raros, pero identificables”, apostilla Bravo, quien señala que también se observan muchos caballos, hasta tal punto que alguien dijo alguna vez que la villa pudiera haber albergado un picadero o lugar de doma.

Detalle del mosaico de la galería norte del peristilo con rastros de incendio. / Brágimo

Y Aquiles fue a la batalla

Rafael Martínez, jefe del Servicio de Cultura de la Diputación de Palencia, institución que gestiona el yacimiento desde que en 1980 Javier Cortes se lo donara, no tiene duda de que este mosaico, “consolidado” tras un trabajo excelente de los arqueólogos y restauradores, “es uno de los más representativos de la época”. Va más allá: “Todo en su conjunto, la villa y el edificio que lo cubre, convierten a La Olmeda en un yacimiento puntero en España”.

La presencia de Aquiles en la villa romana no es rara. Su escena en la isla de Skyros fue representada por infinidad de artistas a través de teselas y más tarde en la pintura flamenca, como perfeccionó Rubens en el siglo XVII. Pero Bravo reitera que el de La Olmeda “es el mejor conservado de todos, tanto que se pueden identificar incluso los tipos de telas que se observan, como las de unas cortinas, detrás de las cuales se esconde una mujer, que puede ser la hija o la esposa del dueño de la villa, para ver toda la escena de la gesta de Aquiles en Troya”, y que Bravo fecha entre los siglos XIII y X a.C. “Es una leyenda que se ha mantenido y tiene elementos de realidad histórica, pero muy pocos”, dijo. “Cuando en clase explico este capítulo, provoco un desencanto enorme, porque les traslado que la guerra de Troya no existió; solo estuvo en la mente de Homero, que fue un escritor genial”, remarca entre risas.

La profecía señalaba que el héroe griego Aquiles, protagonista de la Iliada, iba a perecer en la Guerra de Troya, pero que si él no iba, Grecia la perdería. Para otorgarle inmortalidad, su madre Tetis lo sujetó por un talón y lo sumergió en la laguna Estigia. Al no quedar bañado por su agua milagrosa, esta zona del pie permaneció como su único punto vulnerable. La propia madre, cuando se desató la guerra, no confió en la invulnerabilidad de su hijo y decidió ocultarlo, vestido de mujer, en el harén del rey Licomedes, pues éste solo contaba hijas. Así pretendía evitar que acudiera al combate. Entonces aparece un comerciante con producto femenino en la casa, que resultó ser Ulises, y dedujo que la mujer que portaba armas era Aquiles, a quien conminó a ir a la guerra con él. Finalmente acudió y mató a Héctor, el héroe troyano.

Al contrario que su talón, parece milagroso que durante tanto tiempo se mantuviera en esas condiciones este homenaje al joven Aquiles, quien comparte escena junto a “retratos femeninos, masculinos y un andrógino”, que bien podrían “ser actuales por su perfección”, matiza el catedrático. “Pero no son conocidos, con lo que se puede deducir que forman parte de la familia del aristócrata”, incide.

El día a día

La villa de La Olmeda, que ya existía en el siglo I, y fue remodelada en el IV, contaba con dos torres octogonales en ambos extremos de la fachada principal, cuyas bases son perfectamente visibles en la actualidad. “Apuntan hacia una especie de pequeño cuerpo de vigilancia del aristócrata, que al parecer era poderoso. Avisaban si se acercaban rebeldes, bandidos e incluso los funcionarios del fisco romano”, relata Bravo. A su juicio, muchas de estas construcciones se radicaban alejadas de las urbes, fuera de caminos y calzadas importantes, que eran frecuentadas por los miembros de la administración, “para pagar menos impuestos”.

Según las investigaciones realizadas, en La Olmeda podrían residir entre 25 y 30 trabajadores, además de la propia familia propietaria, que residía en la ‘Domus’ (la parte interna). Se han contabilizado unas 35 habitaciones separadas de los baños. “Es difícil pensar que todos vivieran dentro, sino que también lo hacían en viviendas colindantes a la finca, con empleados estacionales y temporales en función de la cosecha y recogida del fruto, que durante el resto del año tenían su actividad principal”, justifica. Dado que se desconoce cualquier ciudad romana de importancia en los alrededores, estos trabajadores debían vivir cerca, excepto los de confianza, como los capataces, “que lo hacían dentro, en la parte ‘fructuaria’”.

Las villas más importantes de España, prosigue Bravo, tenían una extensión de entre 30 hectáreas y varios kilómetros cuadrados, es decir, “el territorio entero de una ciudad”, si bien las había también de 200 y 300 hectáreas, aunque reconoce la dificultad de excavar un territorio así alrededor de una villa hoy en día.

Un largo pasillo aúna las columnas del peristilo, que adornaban el jardín interior y su fuente -para la que se creó un sistema de alcantarillado-, con los baños, que contaban con un tamaño “entre el que podría tener una casa particular y los grandes públicos”, como el de Diocleciano, en Roma. Los usuarios, como hoy en día en un balneario, pasaban por tres fases: la fría (frigidarium), templada (tepidarium) y caliente (caldarium), todo ello con un sistema de ‘hypocaustum’ para calentar el agua, algo que se sabe por un horno encontrado en el yacimiento, y que con el tiempo dio paso a la gloria. Este método se encontraba también en algunas de las habitaciones principales de la casa, para mantenerlas calientes en invierno.

A partir de la mitad del siglo V este sistema de villas estaba destinado a desaparecer, pues los agricultores sin tierras y los marginados de Roma se sublevaron. “El tiempo la enterró, literalmente”, sostiene el catedrático, quien señala que quizás eso también la ayudó a estar mejor conservada. Se cultivó siglos después sobre sus mosaicos, hasta que fue descubierta en 1968 por Cortes, que lo donó a la Diputación 12 años después. En 1984 se abrió al público, y el 3 de abril de 2009 reabre al público tras sufrir una importante transformación en su edificación. Casualmente, ese año fallece su descubridor.

Bravo llama la atención de que en La Olmeda no se hallara inscripción alguna, como en el resto de villas de Hispania. “Es algo que da mucha información”, señala, si bien aclara que tenía que ser “un maestro de primera” quien elaboró esas obras en el suelo, solo por la “finura” de la escena del Oecus. Como contrapunto, el yacimiento palentino cuenta con “muchos otros aspectos que ayudan a conocer la situación rural de Roma”.

El 50 aniversario llega repleto de actividades musicales, sociales y por supuesto de participación en el patrimonio, con talleres para escolares en La Olmeda. Y que tendrá su culmen con la reapertura del Museo Monográfico, en la cercana localidad de Saldaña. Actualmente, el yacimiento, con un precio de cinco euros la entrada general, con tarifas reducidas, solo cierra los lunes y favorece la visita guiada.

Taller de aprendizaje de fabricación de teselas en la villa romana de la Olmeda en Pedrosa de la Vega . / Brágimo

Las Tuerces: setas pétreas únicas en España

Juan López Un auténtico laberinto pétreo, con alternancia de grandes bloques de formas caprichosas, se cobija en el espacio natural de Las Tuerces, en Palencia. Allí donde el Pisuerga pasa de la niñez a la adolescencia, guiado por gargantas y acompañado por el agua y el viento que, tras miles de años, han contribuido al moldeado de un lugar único en España. Gigantescas piedras en forma de setas, puentes y arcos naturales, cerrados callejones y umbrías covachuelas dan lugar a un encantado paisaje en el que parecen habitar duendes y brujas, en el que da la sensación de que los inquietos trasgos se asoman y se esconden detrás de cada elemento, allí donde no quieren ser vistos.

El escenario kárstico, que también posee restos prehistóricos que atestiguan la relevancia del lugar, se ha convertido en magia, junto al pueblo de Villaescusa de las Torres. Dentro del Geoparque de Las Loras, en el norte de Palencia y Burgos, y que acaba de cumplir un año, el 5 de mayo, desde su declaración por parte de la UNESCO. “Tanto Las Tuerces como Covalagua son dos ejemplos muy importantes y únicos en Castilla y León y en España gracias al paisaje kárstico tan representativo. No hay otro igual en la Península Ibérica. Por eso han sido declarados como espacios naturales protegidos y reconocidos por un organismo de tal relevancia a nivel internacional”, presume el director científico del Geoparque Las Loras, José Ángel Sánchez.

Este peculiar enclave paisajístico, monumento natural, es el “resultado de los activos procesos de disolución” llevados a cabo por la erosión de origen kárstico en las rocas calizas del Cretácico Superior. Así explicado es sinónimo de gran tecnicismo. Por eso, en declaraciones a Ical, Sánchez concreta que Las Tuerces se ubica en las estribaciones más occidentales de los Páramos de La Lora, en la zona de contacto entre los relieves de la Cordillera Cantábrica y los materiales sedimentarios de la Cuenca del Duero, donde se configura un entorno “espectacular” en el cañón de La Horadada y unas estructuras geológicas con la mesa de La Lora que “van creando esas formas, muy íntimamente ligadas con las características de la roca caliza”.

En su conjunto, este relieve amesetado constituye un “sinclinal colgado”, situado en una importante franja de plegados de cobertera. José Ángel Sánchez sostiene que esta zona delimita el tránsito entre los relieves muy movidos, propios de las zonas montañosas, y el ondulado de los páramos, donde “figuran rasgos diferenciales singulares debido a las características de su sustrato”. A esta unidad pertenece el “más importante y casi único núcleo” de terrenos mesozoicos (principalmente del Cretácico y algo de Jurásico y Triásico) de la provincia palentina.

Un punto preciosista

Y es ahí donde se llega al punto preciosista, caprichoso de Las Tuerces, donde se ha originado un modelado kárstico consecuencia de la disolución de la caliza por el agua que ha dado lugar a un escenario de película infantil. Sánchez destaca también el levantamiento de las ‘crestas turonenses’, como prueba de la dinámica morfogenética de Las Tuerces: “Acción combinada de la dinámica erosiva y una tectónica de carácter intrusivo”, expresa.

Los angostos callejones, donde habitan ejemplares de haya, entremezclados con avellanos y arbustos espinosos, son una parte importante del “paisaje ruiniforme” con calizas del Cretácico Superior. Cuentan con una edad de unos 90 millones de años, matiza Sánchez, materiales que se depositaron en el fondo de un océano de gran profundidad. “Era cálido, con corales y fósiles”, remarca el investigador. Una vez sedimentados esos materiales emergieron del océano y dieron inicio los procesos del paisaje actual, relacionados con las propias características de las calizas.

“Se disuelven con el agua y forman esas formas tan caprichosas y callejones, diaclasas, procesos de disolución tardíos desde el punto de vista geológico de los últimos 15 millones de años”, desliza. Es en ese periodo cuando se conforma el paisaje actual, protagonizado por dos elementos característicos: los propios procesos de disolución que aparecen en la roca carbonatada y el espacio cortado por el río Pisuerga, que atraviesa las calizas del Cretáceo Superior.

Su particular situación geográfica, la heterogeneidad y estado de conservación de sus hábitats ha favorecido la presencia de fauna ictícola, como trucha de río común, o anfibios como la salamandra o la rana de San Antonio. Además, existen 13 especies de reptiles y 75 de aves. Águila real, águila calzada, azor, gavilán, halcón peregrino, cernícalo común o diferentes aguiluchos han hecho de Las Tuerces su casa, junto a mamíferos típicos, como el lobo.

Controlar el turismo

En conjunto, no difiere tanto de otros puntos de la Cordillera Cantábrica en ese sentido. “Mientras Picos de Europa y la parte más oriental de la Cordillera son de origen carbonífero, con rocas de 300 millones de años, Las Tuerces se sitúan en los 90 millones. Pero ambas son de origen marino, con características en el tiempo geológico a los que les afecta la orogenia alpina, con el choque de la placa africana”, espeta.

Sánchez recuerda que fue la Asociación para la Reserva Geológica de las Loras (Argeol) la que impulsó la candidatura del Geoparque de Las Loras. Ahora existe una mesa de trabajo que representa a la Junta, diputaciones de Burgos y Palencia y ayuntamientos. “En este primer año de funcionamiento se ha notado un punto de inflexión en determinados espacios del mismo, como por ejemplo en Las Tuerces. Hay más visitantes, tanto de expertos como otros particulares”, apostilla. En Covalagua, gracias a la nueva red de senderos, el incremento “ha sido brutal” y no se puede cifrar porque aún no existe un centro de visitantes, “pero los aparcamientos siempre están llenos”.

No en vano, en el pueblo palentino de Villaescusa de las Torres el aumento de llegadas “ha sido increíble”. Todo ello provoca que “haya que ponerse las pilas” para trabajar en el plan de uso público, junto a la Junta, y “ordenar y regular el espacio para que no se convierta en un problema para visitantes y residentes”. La idea es impedir lo que sucede en Orbaneja del Castillo, en Burgos, y que supone el límite oriental del Geoparque: “Queremos adelantarnos a ello y que el turismo no sea masivo; que tenga sentido para el territorio y el espacio”.

Sánchez matiza que el Geoparque se ha convertir también en un herramienta de puesta en valor del patrimonio, desde cualquier vertiente. Más en concreto, el arte es una de las principales apuesta de esta comarca. Precisamente, el arte protagonizará el nuevo centro de recepción de visitantes que se construirá en Aguilar de Campoo. “Esta vinculación es una de las patas más importantes y tiene que ser punta de todo lo que se genere en el territorio, desde lo románico hasta lo contemporáneo”, explicó el representante de Argeol.

Por ello, dentro de la Semana de los Geoparques, se mantuvo hace unos días un encuentro con artistas locales con el objetivo de presentarles el proyecto y hacerles partícipes para conocer sus demandas y sugerencias. Además, este año la vertiente artística es la protagonista de la programación de la Semana de los Geoparques, que se celebra por cuarto año consecutivo en la comarca, como punto para dar a conocer el territorio desde su patrimonio artístico y cultural: “Viene mucha gente y hay que mostrarlo a todos”. Así, conferencias en torno al vínculo entre la geología y la arquitectura, talleres para niños y ponencias de expertos de Instituto Geológico Nacional centran la programación para esta iniciativa.

Fuente: Ical

Fotografías: Eduardo Margareto

Recorriendo una vía centenaria

Carlos TaberneroComo los cuatro jóvenes amigos de ‘Cuenta conmigo’, la afamada película norteamericana de 1986, los turistas que se acerquen a partir del próximo otoño a la zona salmantina de Las Arribes podrán caminar sobre las traviesas y raíles de una vía férrea centenaria mientras disfrutan de uno de los parajes más hermosos de toda Castilla y León. Y es que, gracias al esfuerzo inversor de la Diputación de Salamanca, la vía que une la localidad salmantina de La Fregeneda con el municipio portugués de Barca D’Alva, puesta en funcionamiento en 1887 y cerrada desde 1985, se volverá a abrir al público, aunque en un formato de sendero turístico, para que todos los visitantes de la zona puedan disfrutar no solo del paisaje sino de una de las obras civiles “más importantes de Europa” de entre las construidas en el siglo XIX.

Actualmente, explicó el presidente de la Diputación de Salamanca, Javier Iglesias, durante la primera visita oficial de instituciones y medios a las obras de rehabilitación de la vía, su ejecución se encuentra “al 80 por ciento”, dentro de la apuesta de la institución provincial salmantina por “el desarrollo de la zona de Las Arribes”. Se trata así de poner en marcha un “gran proyecto”, uno de los mayores de entre los emprendidos por la Diputación, para “desarrollar el turismo y las oportunidades” en los municipios de la zona a través del denominado por Iglesias “mayor cañón de Europa” y “una de las obras civiles más importantes” del continente, con increíbles saltos de entre 40 y 50 metros al paso de los puentes o con hasta un total de 20 túneles que acumulan 4,3 kilómetros de longitud, y que permitían el paso del ferrocarril en esta zona montañosa del oeste de la provincia de Salamanca, en su unión con la vecina Portugal.

Como muestra de este incalculable valor arquitectónico y de ingeniería, que recorre 17 kilómetros en paralelo al río Águeda hasta su unión como afluente del río Duero, se encuentra el puente del Arroyo del Lugar, el más largo de los 10 existentes en el tramo en proceso de rehabilitación con 220 metros de longitud. Sus dos pilares de hormigón sostienen una sujeción mezcla de acero y hierro dulce sobre la que se asientan los raíles y traviesas, ahora apuntalados con plataformas de madera y barandillas para permitir el paso de senderistas y turistas que deberán vencer al vértigo para disfrutar de las espectaculares vistas que ofrece el puente.

Eso en una parte, ya que en su final, si se acomete la visita desde La Fregeneda en dirección a Barca D’Alva, el puente está levantado sobre unos pilares de sillería de piedra que “hoy ya no se hacen”, tal y como explica el ingeniero coordinador de la obra, Alberto Vara. Todo ello configura un puente mixto de “incalculable valor” hoy en día y que esconde dos secretos: por un lado, la procedencia de su patente metalúrgica, propiedad de los sucesores de Gustave Eiffel; por el otro, las pequeñas aberturas en sus pilares para poder meter la carga en caso de querer volarlo y evitar así la invasión desde Portugal, fruto de la por entonces relativamente reciente experiencia de la Guerra de la Independencia de principios del siglo XIX.

Otro de los ‘valores ocultos’ de la vía es su comunión con la naturaleza, al erigirse en medio de los montes que horadan la frontera en sus lados luso y español. Así, y además de una frondosa vegetación en un año abundante de lluvias como el presente, que se compone de diversas plantas entre las que se encuentran, incluso, frutales tan poco propios del paisaje como chumberos, la propia obra de ingeniería permite que animales como murciélagos se puedan alojar en sus túneles durante varios momentos del año. De hecho, y tal y como explica Javier Iglesias, “los túneles 1 y 3 cuentan con murciélagos protegidos durante algunas semanas por la época de cría”, por lo que el proyecto incluye en estos dos puntos “caminos alternativos para poder disfrutar de las vistas por encima de los túneles”.

Máxima seguridad

Además de los avatares encontrados con los ‘habitantes’ de dos de los 20 túneles dispuestos a lo largo de los 17 kilómetros de recorrido, la Diputación de Salamanca, a través de la empresa concesionaria, ha tenido que realizar otros trabajos durante los meses de ejecución de la obra de rehabilitación para ofrecer a los futuros visitantes de la vía La Fregeneda-Barca D’Alva “la máxima seguridad”.

Así, y de forma coordinada entre las áreas de Economía, Fomento y Turismo, la Diputación de Salamanca ha conseguido adecentar y abrir al paso senderos de tierra paralelos a la vía para las personas a quienes les resulte dificultoso andar entre las travesías de la misma. También se han cambiado en torno a 750 de estas piezas de madera debido al desgaste y porque “estaba desaconsejado pasar por los túneles” por el estado en que el suelo se encontraba.

Se colocaron plataformas de madera sobre los laterales de los 10 puentes, que ocupan más de un kilómetro de longitud del total de la vía, y se situaron barandillas, en ocasiones dobles, para evitar caídas, gracias todo ello a un presupuesto total de 800.000 euros divididos entre la inversión de la obra de adjudicación y a las actuaciones de valorización del proyecto, que incluirán elementos de señalización a lo largo de todo el camino, con nombres de los puentes y túneles.

“Estamos entusiasmados e ilusionados con este proyecto”, confesó Javier Iglesias, quien enmarcó la iniciativa en la política de la Diputación de Salamanca de “apostar por el territorio” de la provincia para, por un lado, hacer que los turistas se acerquen aún más al oeste salmantino y “disfruten de la obra y de un paisaje increíble entre el Águeda y el Duero”. Además, y por otro lado, la rehabilitación de la vía La Fregeneda-Barca D’Alva permitirá “ofrecer oportunidades de desarrollo a la gente del territorio”, a través del estímulo de la inversión privada desde la pública para conseguir formar “más infraestructuras, crear expectativas de empleo, especialmente entre la gente joven, y combatir de esta manera la despoblación” que sufre la región.

Historia de la vía

La vía que une la localidad salmantina de La Fuente de San Esteban con el municipio portugués de Barca D’Alva se construyó en el último tercio del siglo XIX, concluyéndose las obras en 1887. Debido a los 13 puentes y 20 túneles que siembran su recorrido, todos ellos salvo tres puentes situados en el último tramo del trayecto que une La Fregeneda con Barca D’Alva, se considera a esta una de las obras de referencia de la arquitectura civil del siglo XIX.

Su difícil construcción, debido a la complicación en el acceso a determinadas zonas escarpadas del territorio y por la ingente cantidad de recursos materiales y humanos necesarios en aquella época para construir una vía en tan difícil zona, provocó que, según un cálculo aproximado, en torno a 2.000 personas murieran hasta que se pudo dar por concluida la obra.

Además, la vía entre La Fregeneda y Barca D’Alva inspiró al autor salmantino Luciano González Egido para escribir ‘Los túneles del paraíso’, una novela sobre la construcción de esta obra de ingeniería civil sobre cuyos raíles podrán caminar, a partir del próximo otoño, los salmantinos y visitantes que quieran conocer y disfrutar algo más de una parte de la historia de la provincia de Salamanca.

Islandia, el origen de los vikingos

Los cuentos islandeses relatan que los primeros humanos en llegar a la isla  situada entre Groenlandia y Noruega fueron monjes irlandeses en el siglo VIII. Los vikingos les expulsaron rápidamente a finales del siglo IX. Según el manuscrito Landnámabók (El libro del establecimiento), el primer asentamiento permanente se fundó en 874 en lo que hoy es la capital islandesa, Reikiavik, con escandinavos que traían consigo esclavos de origen celta. Cuentan las sagas, además, que aquellos vikingos secuestraban a las mujeres celtas más bellas y se las llevaban a esta isla boreal.

A través de los siglos siguientes, grupos humanos de origen nórdico y gaélico se asentaron en Islandia. Hasta el siglo XX, la población islandesa dependía de la pesca y la agricultura, y desde 1262 a 1944 formó parte del reino de Noruega y, posteriormente, de Dinamarca. En el siglo XX consiguió su independencia y la economía islandesa se desarrolló rápidamente, a pesar de su aislamiento del mundo debido a su ubicación geográfica.

La palabra Islandia deriva del islandés Ísland, vocablo que proviene del nórdico antiguo, que significa “tierra de hielo”.​ Sin embargo, el primer nombre del país fue Snæland («tierra de nieve»), acuñado por el navegante vikingo Naddoddr, uno de los primeros pobladores de las Islas Feroe. Gardar Svavarsson, uno de los primeros islandeses, rebautizó la isla como Garðarshólmur (islotes de Gardar).

El nombre definitivo de Ísland fue dado por Flóki Vilgerðarson, en alusión al paisaje invernal del actual territorio islandés.​ A pesar de que algunos documentos oficiales contemplan Lýðveldið Ísland (República de Islandia) como el nombre oficial del país, la Constitución actual lo define como simplemente Ísland (Islandia), sin anteponer el término “república”.

Islandia está situada en el océano Atlántico al sur del círculo polar ártico, que pasa a través de la pequeña isla de Grímsey frente a la costa norte de Islandia, pero no a través de la parte continental del país. A diferencia de Groenlandia, su vecino, forma parte de Europa, no de América del Norte, aunque geológicamente la isla se ubica entre ambas placas continentales.

Las islas más cercanas al país son Groenlandia (a 287 km) y las Islas Feroe (a 420 km). La distancia más cercana a la parte continental de Europa es de 970 km, hacia Noruega.

Islandia es la 18ª isla más grande del mundo y la segunda más grande de Europa, después de Gran Bretaña. La isla principal cuenta con 101 826 km², pero la superficie total del país asciende a 103 000 km²,1​ un área similar a la de Cuba o Guatemala en América. El 62,7 % es tundra. A su alrededor se cuentan hasta 30 islas menores, incluyendo la isla habitada de Grímsey y el archipiélago de las Islas Vestman.

Los lagos y glaciares cubren el 14,3 % del país y solo el 23 % está cubierto por vegetación. La isla en sí está compuesta de basalto y lava petrificada con bajos niveles de sílice, además de otros tipos de rocas como las riolitas y las andesitas.63​ Geológicamente, es parte de la dorsal mesoatlántica, la cordillera a lo largo de la cual la corteza oceánica se forma y se propaga. Además, se encuentra sobre un punto caliente, donde el magma se acumula por debajo de la corteza terrestre.

Existen muchos fiordos a lo largo de sus 4970 km de litoral,​ en donde también están situados la mayoría de las ciudades y pueblos principales. El interior de la isla, las tierras altas de Islandia, son una combinación fría e inhabitable de arena y montañas. La isla de Grímsey, justo al sur del círculo polar ártico, contiene la población más septentrional del país.​ Islandia tiene tres parques nacionales: el Parque Nacional Vatnajökull, que es el de mayor extensión de Europa y donde se encuentra el glaciar homónimo,​ el Parque Nacional de Snæfellsjökull y el Parque Nacional de Þingvellir.