Las maravillas naturales de la isla de Jeju

La isla de Jeju, conocida antiguamente en Occidente como isla de Quelpart, es una isla volcánica, dominada por el monte Halla, un volcán de 1950 metros de altura, el pico más alto y la isla más grande de Corea del Sur.

La isla se formó hace cientos de millones de años, como consecuencia de erupciones volcánicas, y se compone fundamentalmente de basalto y de lava. Aunque sólo está a una hora en avión desde Seúl, tiene un clima subtropical, más cálido que el del resto del país, en el que se distinguen cuatro estaciones; parte del verano es lluviosa, y el invierno es muy seco.

En la isla de Jeju existen características culturales que distinguen a su población del resto de Corea, probablemente debidas al aislamiento geográfico. Así, existen miles de leyendas locales. Los harubang (“abuelos de piedra”) son el distintivo cultural más claro; se trata de esculturas talladas en bloques de lava.

Otro aspecto distintivo de la provincia de Jeju es la estructura matriarcal de las familias, sobre todo en Udo y en Mara. Allí las mujeres, conocidas como las haenyo, (해녀, literalmente mujeres del mar), se ganan la vida buceando a pulmón libre para mariscar moluscos, como los abulones y las conchas.

Haenyo de la isla de Jeju.

Los agricultores de la isla de Jeju, para defenderse del viento, han construido más de 22.000 kilómetros de muros hechos con piedra volcánica, que han contribuido a preservar la biodiversidad y la cultura tradicional en los últimos mil años. Los muros de piedra negra, llamados Jeju Batdam (dragón negro), forman parte de los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), designados por la FAO. En la isla de Jeju, las tierras agrícolas se usan para cultivar orquídeas y productos hortícolas como patatas, zanahorias, ajos, rábano blanco, coles, cebada, judías, entre otras.

Otra de las curiosidades de la isla, es el misterioso Museo de Osos de Peluche. Algunos de ellos, como el de esta imagen, recrean escenas famosas de la cultura mundial.

Santa Catalina de Somoza, el balcón de la Maragatería

Cristina C. Ugidos Mis pasos me llevaron esta semana hasta Santa Catalina de Somoza, conocida como “el balcón de la Maragatería”. Su ubicación privilegiada hace de este pueblo de Astorga un lugar preferente tanto para el senderismo como para las fotografías. Desde lo alto de Santa Catalina de Somoza se aprecian tanto el Monte de la Marquesa, como los paisajes y valles que conforman la Maragatería.

Pequeño núcleo de claro pasado jacobeo e histórica hospitalidad hacia los peregrinos. El municipio surge a partir del Hospital de Yuso (en el recorrido jacobeo) cuyas ruinas aún permanecen en el lugar conocido como Huerta del Hospital. Está documentada también la existencia del hospital de la Virgen de las Candelas, del que ya nada se conserva. Santa Catalina vuelve a ser un claro ejemplo de pueblo-camino, con una calle Real que lo atraviesa y donde se ubican dos albergues y algún alojamiento.

El pueblo cuenta con cerca de medio centenar de habitantes que se triplican durante los meses de verano. Santa Catalina es un lugar idóneo para una escapada rural de fin de semana o incluso a pasar el día pues disponen de varias rutas de senderismo para hacer a pie o en bicicleta. El coche de línea llega dos veces por semana, los martes y los viernes.

Una de las construcciones más antiguas que se conservan es la iglesia del pueblo, construida en 1708 y reformada en 1982. Antiguamente las campanas servían para anunciar las festividades y los sucesos en Santa Catalina, una de las tradiciones hoy ya perdidas para los habitantes de la localidad maragata. Sin embargo, han tratado de recuperar los mayos, una tradición que dejó de celebrarse y que ahora vuelve para todos los jóvenes del pueblo.

Fiestas

Santa Catalina celebra varias fiestas a lo largo del año, la principal, la Fiesta Parroquial en honor a la patrona que da nombre al pueblo se celebra el segundo domingo de agosto y reúne a mucha gente, por la oferta que ofrece de actividades, juegos infantiles y tradiciones. Además, en febrero celebran también la festividad de San Blas.

La localidad dispone de dos pendones, uno, el más antiguo, que solo se saca en las ocasiones especiales. El más reciente viaja por toda la provincia a los encuentros pendoneros que se celebren por León.

Castrillo de los Polvazares, esplendor arriero

Cristina C. Ugidos Quizá podamos pecar de que lo sabemos todo sobre el pueblo más famoso de la Maragatería, Castrillo de los Polvazares, pero nada más lejos de la realidad. En mi particular camino para conocer los pueblos que forman parte del municipio de Astorga, me tocaba conocer esta semana con mayor profundidad Castrillo. Un marco hermoso de típicas casas maragatas y calzadas empedradas que le convierte, desde 1980, en “Conjunto Histórico-Artístico de alto valor monumental”.

Visitar Castrillo de los Polvazares significa visitar un lugar cuya historia se remonta hasta épocas romanas. Castro antes de la llegada del Imperio Romano, su vida va, de alguna manera, ligada a la vida de la propia ciudad de Astorga, solo que de una forma algo más… modesta. En la época del godo Rechivaldo, sí el que da apellido a Murias, el pueblo llegó a llamarse Castrillo de Rechivaldo. Pero ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia, me explica Esteban Salvadores, pedáneo de la localidad.

Quizá uno de los hitos históricos más destacados de Castrillo fue la confluencia como cuartel general durante la Guerra de Independencia no solo de tropas francesas, sino de tropas inglesas y españolas. Durante el sitio de Astorga de 1810, las tropas del emperador Napoleón Bonaparte utilizaron el pueblo como cuartel general, con la llegada incluso de José Bonaparte para participar en el asedio a la ciudad. Más tarde, la batalla se desplaza a Castrillo de los Polvazares. Allí, en la primera batalla, el corregidor y el cura son capturados por las tropas napoleónicas mientras toman el pueblo. Al caer la noche, en la segunda batalla, los españoles contraatacan, rescatan al corregidor y liberan la villa. Esta batalla da pie a la posterior reconquista de Astorga y a la confluencia de las tropas del general Wellington.

Los secretos mejor guardados

Una de las cosas que más me ha llamado la atención sobre Castrillo es que todos los castrenses guardan con esmero y cariño sus árboles genealógicos y una perfecta documentación familiar que ni iguala siquiera ni la nobleza de mayor abolengo de España. “Conozco perfectamente mis antepasados y lo que hacían, y soy capaz de remontar mi árbol genealógico hasta 1400”, cuenta Salvadores.

Pero no es el único. Una tradición arraigada y cuidada con mucho mimo, y que hasta la fecha tiene un carácter privado. No se puede visitar, y está propiedad de las familias. En ella se documenta la colaboración de los maragatos con los reyes de Castilla e, incluso, su participación en la guerra de Granada en época de los Reyes Católicos. “Conocemos las andanzas de nuestros antepasados”, añade Salvadores. Ojalá decidan exponer algún día toda esa riqueza cultural para que la podamos conocer.

Gastronomía arriera

Todos sabemos por lo que es típica la gastronomía de Castrillo de los Polvazares, hogar de doña Maruja, conocida en el mundo entero por su cocido maragato. No obstante, Castrillo tiene mucho más para ofrecer. Las épocas de la arriería y el auge económico de los maragatos sin lugar a dudas dejaron su impronta en el pueblo. Castrillo vive sobre todo del turismo, y ya sabemos que también se conquista por el estómago.

La localidad es famosa y tiene mucha oferta gastronómica arriera. Platos tradicionales maragatos y la gastronomía de la zona, como pescados en salazón (bacalao, congrio y pulpo), las carnes rojas, productos de la tierra en temporada y chacinas. Las cartas en los restaurantes son amplias y se basan en los platos tradicionales. Los maragatos transportaban al interior salazones de pescado traídos de la costa gallega, y al volver a su tierra cargaban con embutidos y productos de secano, algo que todavía se mantiene en la tradición gastronómica.

Senderismo y rutas

Con la llegada del otoño apetece salir menos de casa, pero Castrillo ofrece varias rutas para hacer a pie o en bicicleta, preciosas en esta época del año. La localidad es puerta al Monte de la Marquesa, por lo que alrededor se pueden encontrar rutas para recorrer en bicicleta o haciendo ‘running’.

Además, no podemos olvidarnos de las setas, que, aunque este año no ha sido tan bueno para el ecosistema micológico, siempre podemos perdernos con calma por los rincones del pueblo. O pasear por el parque situado a la entrada de la localidad, donde en verano se celebra una gran comida para todo el pueblo. Yendo hacia Santa Catalina, a mano derecha, se encuentra el castro donde se asentaron los primeros pobladores de Castrillo, y donde se han dado cita equipos arqueológicos para estudiar el terreno.

Castrillo de los Polvazares, en el Camino

La localidad se encuentra dentro de la ruta conocida como el ‘Camino Francés’ del Camino de Santiago, por lo que tiene dos albergues nuevos para ofrecer alojamiento a los peregrinos que recorren la ruta histórica hasta Santiago de Compostela. Uno de los albergues es municipal y ofrece hospedaje para otro personas. Está nuevo y da un servicio de calidad. El otro albergue, de carácter privado, tiene capacidad para 20 plazas.

Fiestas y folclore maragato

Durante el invierno viven alrededor de ochenta personas en el pueblo, que se dedican, sobre todo, al turismo. La patrona de Castrillo, la Magdalena se celebra el 2 de julio. Se conmemoran fiestas típicamente maragatas, donde la tradición y la modernidad se mezclan. Bolos maragatos, bailes maragatos y procesiones se suceden por la localidad.

Castrillo también celebra su fiesta sacramental en torno a los meses de mayo y junio, coincidiendo con la celebración del Corpus Christi. La iglesia, dedicada a Santa María Magdalena se encuentra algo escondida en el entramado de calles que forman la localidad.

Valdeviejas, un pueblo con mucha historia

Cristina C. Ugidos En un afán por descubrir los pueblos del municipio astorgano, esta semana me acerqué hasta Valdeviejas mientras daba un paseo, así de cerca está. Claro, todos conocemos la famosa ermita del Ecce Homo, que mueve decenas de fieles y que este año se trasladó procesionalmente por primera vez hasta el cabildo de los Caballeros del Silencio. Pero queda mucho más por descubrir. En la iglesia me espera don Lucas, “Lucas simplemente”, quien va a hacer de guía y a enseñarme los rincones que el pueblo tiene para ofrecer.

Originalmente, Valdeviejas estuvo ubicado a la ribera del río Jerga, en la zona llamada ’emplante’ y llevaba el nombre de ‘Hospital de Yuso’. Más tarde, pasó a llamarse Villa Sancti Verisimi y Aldeaviexas. Este último evolucionó hasta convertirse en la actual Valdeviejas. El nombre puede relacionarse con un baile al cual solo asistía la gente mayo. aunque algunas fuentes apuntan al lugar donde se escondieron los niños y personas mayores del pueblo en época de conflictos.

El 11 de septiembre de 1846 se produjo un hecho que marcó dramáticamente Valdeviejas, una inundación en el río Jerga  hizo que el pueblo tuviera que cambiar su ubicación. Se trasladó entonces a donde está ahora, y señalan las fuentes que lo hizo con cierta facilidad porque en este terreno ya estaba la fragua y una cantera de la cual se extraían piedras para las casas y barro de la tejera.

Antiguamente, dos cañadas reales cruzaban el emplazamiento actual de Valdeviejas. Una de ellas cruzaba el actual camino a Murias y la otra iba por la zona tras la ermita del Ecce Homo. Por su situación, Valdeviejas es punto obligado de paso para los peregrinos que cada año recorren el Camino de Santiago, pero antiguamente, el pueblo tenía su propio hospital de peregrinos, ya desaparecido en la actualidad. Hay muchas referencias a este hospital en la documentación de Astorga.

El hospital, que se llamaba Sancha Pérez, guarda memoria de una escritura que data del 31 de mayo de 1481a cargo de la cofradía de Los Mártires y Santiago de Astorga. Continúa mencionándose este hospital de Valdeviejas en los documentos existentes de la cofradía de San Esteban de Astorga en los años de 1537, 1547 y 1549.

Tesoros escondidos

Tal vez no tan escondidos para quienes saben donde están. Pero ciertamente me enamoré del Nacimiento que acoge la iglesia dedicada a San Verísimo. La construcción exterior es muy antigua, y acogía en su interior, recuerdan, un retablo de principios del siglo XVI, que ahora se puede contemplar en el Museo de la Catedral de Astorga.

Lucas colocó el Nacimiento hace tres años, y es una pequeña obra de arte que nadie se atreve a quitar. Utiliza elementos vegetales de verdad, y el castillo asemeja los arcos de entrada al Palacio Gaudí. En primer plano tenemos el Misterio y el pueblo recuerda fielmente las propias casas de Valdeviejas. Con la Navidad a la vuelta de la esquina, sin duda recomiendo un recorrido por el pueblo.

Otro de los lugares desconocidos, es el viejo lavadero. “Recuerdo a mi madre y todas las mujeres del pueblo juntarse aquí para lavar la ropa, kilos y kilos de prendas”, evoca Lucas. Ahora se ha convertido en un precioso espacio abierto para hacer reuniones en verano y a la luz de las farolas.

En el parque se puede observar una estructura de columnas donde se pueden apreciar los elementos turísticos más representativos e importantes para la localidad: el Ecce Homo, San Verísimo y el tamboritero Belarmino, obra realizada por la Junta Vecinal.

Ermita del Ecce Homo

Aquí estamos ya hablando palabras mayores. La ermita, de indudable encanto, data del siglo XVI, a la que inicialmente se puso bajo advocación de San Pedro. En ella hubo un pozo del que los peregrinos se surtían para aplacar la sed. Cuenta la leyenda que una mujer que se dirigía a Santiago de Compostela se detuvo en ese pozo para coger agua, con la mala fortuna de que su hijo cayó en él. Invocando la madre al Ecce Homo, las aguas comenzaron a crecer, salvando al muchacho. Por este motivo, según la memoria popular, no sólo se cambió el titular de la ermita, sino también se relaciona el hecho con la inscripción que en ella se conserva y que dice: “Echa limosna viajero a este santo Ecce Homo, y al instante verás como sales del atolladero”.

Uno de los detalles más curiosos que a veces pasamos por alto o damos por echo, es la piedra con una oración escrita en diferentes idiomas. Destaca que propablemente en todo el Camino solo la ermita del Ecce Homo ofrezca este rezo en un idioma tan poco habitual por estos parajes como es el coreano, “muchos peregrinos coreanos se sorprenden al ver la inscripción que no se han encontrado antes en el Camino”. La ermita se encuentra en pleno Camino Francés, por lo que ofrecen alojamiento en el albergue municipal construido en la antigua escuela y casa de la maestra.

En la actualidad tiene una exposición de fotografías antiguas donde los más mayores del lugar recuerdan cómo eran las cosas en época de nuestros abuelos.

Fiestas en Valdeviejas

La localidad tiene en torno al centenar de habitantes, y las fiestas principales de la localidad son las del Ecce Homo, la Sacramental, el primer domingo de agosto, y la de la cofradía de San Verísimo, en honor de ese santo. Además, el pueblo tiene su propio pendón que desfila junto a la Virgen del Castro o en los encuentros de pendoneros de toda la provincia.

Murias de Rechivaldo, a las puertas de la Maragatería

Cristina C. Ugidos Esta semana, y aprovechando el festivo de Todos los Santos, mis pasos me llevaron hasta Murias de Rechivaldo, uno de los cuatro pueblos que forman el municipio de Astorga. Una población típicamente maragata, donde ya se puede apreciar la construcción propia de los antiguos arrieros: casas de piedra de mampostería con un gran portalón, en su día necesario para poder guardar los carros.

El nombre, aunque se desconocen sus orígenes con certeza, puede aludir al límite que la tribu astur de los Ámacos que tenían su territorio en Astorga, según Luis Alonso Luengo, en su libro Los Maragatos, su Origen, su Extirpe, sus Modos, que cita al investigador Nicolás Benavides. Rechivaldo, de origen visigodo, podría aludir a los terrenos que conformaban el territorio de Rechivaldo quien se unió a la lucha de Don Pelayo por la reconquista.

El pueblo, a pesar de que estamos ya entrando en los meses de invierno, todavía mantiene cerca de un centenar de habitantes que se dedican en su gran mayoría al turismo que llega para conocer este precioso rincón de la Maragatería. Es un lugar perfecto para una escapada rural de fin de semana o incluso a pasar el día pues disponen de un área infantil en la que se pueden realizar parrilladas y que es el punto de reunión, sobre todo las noches de verano.

No se conoce cuál es el origen del pueblo, aunque se supone que el núcleo de población se pudo constituir en la época de la Baja Edad Media con la repoblación del norte, a medida que los cristianos iban ganando terreno a los árabes en la reconquista de España. En el siglo XIV, ya aparece citada como perteneciente al ‘quarto de arriba’ de la ciudad de Astorga, junto con Valdeviejas, Castrillo de los Polvazares y el Hospital de Yuso (hoy, Santa Catalina de Somoza).

El 11 de Septiembre de 1846 se produce un hecho que marca dramáticamente el futuro del pueblo: la destrucción de la ubicación original como consecuencia de una tempestad y la posterior avalancha de agua del Río Jerga. No se conoce exactamente la destrucción que provocó en el pueblo, ni si hubo algún fallecido. Lo que probablemente sucedería fue que todas las casas situadas en el margen del río serían destruidas, y únicamente se salvarían tanto la Iglesia como las casas situadas a su alrededor, cuentan los lugareños.

Turismo

Destaca la iglesia parroquial de San Esteban con su característica espadaña, del siglo XVIII, lo más importante de ella, por su relación jacobea, es un relieve de la Virgen del Pilar cobijado en una hornacina sobre el dintel de la puerta. También hay una estatua de San Roque peregrino, patrón del pueblo.

Murias de Rechivaldo se encuentra en el ‘Camino Francés’ que pasa bordeando el bello pueblo maragato y que dispone de un albergue municipal, y de un acogedor Albergue privado. Además, se pueden encontrar casas rurales para alquilar un fin de semana y conocer mejor lo que la localidad tiene para ofrecer.

Junto al río Jerga, que bordea el pueblo, existen varias rutas para hacer en moto o simplemente hacer senderismo. Y si llega la hora de la comida, no hay nada mejor que los restaurantes donde degustar el típico cocido maragato, así como otras delicias que la localidad está dispuesta a ofrecer, siempre con los brazos abiertos y la hospitalidad que les caracteriza.

Fiestas

Murias celebra varias fiestas a lo largo del año, la principal, la Fiesta Parroquial se celebra 15 días después del domingo del Corpus, por lo que suele coincidir a finales de junio o principios de julio. Entre el 15 y el 18 de agosto celebran la Fiesta Patronal de Nuestra Señora y de San Roque y la fiesta de la Cofradía de Santa Águeda se celebra los días 9 y 10 de febrero.

Durante el invierno celebran actividades para los más pequeños con la proyección de películas y otros eventos en la localidad.

Ruta por la Transilvania de Drácula

No he podido resistir la tentación y con la llegada de Halloween y Todos los Santos la próxima semana voy a proponer una ruta a caballo entre la literatura y la realidad. Drácula es quizá una de las novelas más famosas de la historia de la literatura. Escrita por el novelista irlandés Bram Stoker, sitúa un personaje oscuro en la región de Transilvania, lugar que nunca visitó el escritor, pero cuyo pintoresco nombre le llamó la atención.

Se dice que la realidad siempre supera la ficción, pero en este caso debemos decir que la ficción superó, y eso que no era fácil, la realidad histórica. Allá por el siglo XV vivió Vlad Tepes, a quien llamaban Vlad Drăculea, por ser hijo de Vlad Dracul (de la Orden del Dragón), cuya costumbre de empalar a sus enemigos le ha dado la fama mundial.

Fue un incansable guerrero que luchó contra el Imperio Otomano y un héroe de la defensa de su patria. Aunque nunca contó con un gran ejército, triunfaba a base de tácticas de guerrilla: infectaba los pozos de agua del enemigo, mandaba a sus campamentos a enfermos de tuberculosis para contagiarlos… Según algunos grabados de la época, le gustaba mojar pan en la sangre de sus enemigos en una copa, sin duda, esto no hizo más que alimentar la leyenda del Héroe Nacional.

El Castillo de Bran

Evidentemente con un castillo así, todo tipo de cuentos y leyendas pueden echar a volar la imaginación. La novela está inspirada en esta construcción del siglo XII, aunque no hay ninguna prueba de que el famoso príncipe Vlad Tepes haya pisado nunca el castillo de Bran. Toda la parafernalia draculera en esta región es absolutamente ficticia.

Es la atracción más visitada de Rumanía y los lugareños se empeñan en ofrecer souvenirs de Drácula y corazones sangrantes. En sí, la región es preciosa, entre las montañas Bucegi y Piatra Craiului. Hoy es un museo abierto al público que contiene muebles, pinturas y recuerdos de su época como residencia real. Su perfil de torres puntiagudas, almenas y saeteras alimenta la idea de que se trata del castillo descrito por la novela.

El Castillo de Poienari

Aquí sí que podemos hablar de realidad, pues estamos ante la fortaleza mandada construir por el mismísimo Vlad Tepes en 1459 y estratégicamente situado para guardar la entrada desde Transilvania al valle del Arges. La vista fabulosa de las gargantas de los Cárpatos merece, sin duda alguna, los 1.426 escalones que requiere la visita. Poienari, en la región de Valaquia, es el lugar de nacimiento del auténtico Vlad Tepes.

Bucarest

Si bien podríamos pensar que Bucarest no guarda mucha relación con la historia vampírica, nos equivocaríamos, pues fue precisamente aquí donde falleció Vlad Tepes, a los 45 años de edad, luchando contra los turcos para recuperar su trono. En el Museo Nacional de Historia se expone un retrato de este malvado personaje considerado por los rumanos un héroe nacional por haber expulsado a los turcos. También en este museo se guarda el documento más antiguo que atestigua el nombre de la ciudad, fechado en septiembre de 1459 y firmado con la enorme firma del Empalador.

En el antiguo barrio de Curtea Veche se encuentra el Palacio de Vlad Tepes junto a la Iglesia de la Anunciación y la Iglesia Stavropoleos, una joya de la arquitectura ortodoxa y muy cerca de la cervecería más famosa de la ciudad, Carul cu Berre, construida en 1878 y que tampoco hay que perderse. Vlad Tepes fue asesinado en 1476 en los bosques que rodean la Isla de Snagov, en cuya iglesia se dice que está la tumba del príncipe.

Brasov

Uno de los grandes destinos turísticos dentro de Rumanía,aunque poco tiene que ver con la leyenda de Drácula, aunque fue víctima de la brutalidad de Vlad ‘El Empalador’ por apoyar al príncipe Dan, su principal rival por el poder en Valaquia.

Lo que no se puede dejar de ver es la Iglesia Negra, la mayor catedral gótica que se levanta entre Viena y Estambul. El color se lo debe a un incendio que sufrió en 1689. En el interior, las 120 fabulosas alfombras turcas que cuelgan de las galerías nos recuerdan que estamos en una importante ruta comercial: los mercaderes hacían este tipo de regalos a la iglesia en sus expediciones a tierras otomanas.

Petra, última cruzada a una de las maravillas del mundo moderno

Para la mayoría de nosotros no sabíamos de la existencia de la ciudad grabada en piedra de Petra en Jordania hasta la llegada de la película Indiana Jones y la última cruzada. Sí, esa donde un jovencísimo Harrison Ford tuvo que enfrentarse a pruebas que desafiaban la lógica y el ingenio para conseguir el Santo Grial. La película presentó un templo que data de finales del siglo VIII a.C. y que a muchos nos conquistó. La escultura sobre la propia roca del valle, el color rojizo de la arenisca y la majestuosidad de sus columnas llamaron la atención sobre este conjunto monumental.

Construido por los edomitas, desde diciembre de 1985 está inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. La zona que rodea el lugar es también, desde 1993, Parque Nacional arqueológico. También fue nombrado como una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno en 2007.

La ciudad de Petra se localiza en un valle angosto, al este del valle de la Aravá que se extiende desde el mar Muerto hasta el Golfo de Aqaba. Los restos más célebres de Petra son sin duda sus construcciones labradas en la misma roca del valle (hemispeos), en particular, los edificios conocidos como el Khazneh (el Tesoro) y el Deir (el Monasterio).

Alrededor de Petra se encuentran tumbas excavadas en la roca que presentan fachadas de tipo helenístico incluido el célebre Khazné y el monasterio Deir. También se encuentran veinte rocas llamadas jinns que representan quizá a los dioses vigilando la ciudad.

Hay un teatro que fue originalmente construido por los nabateos en el siglo I, con una capacidad de 3000 espectadores, y luego fue ampliado por los romanos en el 106 E.C. a 8500 espectadores. Fue tallado mayormente en la roca, pero la parte del proscenio fue construida con una mezcla de roca tallada y de albañilería; tenía un orquesta semi-circular y gradas en tres niveles superpuestos en forma de luna creciente. El teatro fue descubierto en 1961 y sacado a la luz por un equipo de arqueólogos americanos.

Las rocas de Petra están cubiertas por cerca de 4.000 inscripciones, de las que un 80% son firmas, en su mayoría de peregrinos religiosos pre-islámicos que dejaron las huellas de su piedad. Los nabateos que la mayoría de las veces escribieron en papiro y en piel, materiales que se destruyen rápidamente, no tenemos otra opción más que el estudio de las inscripciones grabadas en la piedra de Petra y en otras partes de Oriente Medio donde el alfabeto era bastante común.

Sin lugar a dudas, Petra es el lugar más visitado de Jordania. El precio de la entrada, y demás gastos, a este sitio es particularmente elevado para los habitantes de los países en vías de desarrollo, porque la mayoría de turistas son europeos o de América del Norte. Además de las ruinas, se pueden visitar dos museos, el museo arqueológico, situado en una antigua cueva nabatea en la colina de al-Habis, que presenta objetos de diferentes períodos, edomitas y romanos. El segundo, inaugurado en 1994, es el museo nabateo de Petra, que ofrece información sobre la historia de la ciudad arqueológica y los nabateos, sobre la geología de la región y presenta las excavaciones en varios monumentos y lugares importantes.

Ons, una aventura isleña (casi) sin salir de casa

En el corazón del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia nos encontramos con el archipiélago de Ons, situado a la entrada de la ría de Pontevedra, una de las Rías Bajas. Las isla más importante, que da nombre al archipiélago, posee una importante colonia de aves marinas, así como unos fondos marinos de gran biodiversidad. Son frecuentes los avistamientos de delfines, cachalotes o rorcuales.

Es un paraje muy frecuentado por el turismo que, sobre todo, decide ir a degustar su gastronomía. Los dos restaurantes de la isla son conocidos por su pulpo, su marisco o su churrasco. Miles de turistas se acercan en la época estival debido a las posibilidades de alojamiento, así como el atractivo paisaje que ofrece. Si bien el archipiélago de las islas Cíes es el más conocido, no podemos dejar de lado los senderos de Ons. La aventura está a la orden del día y la isla es un lugar tan bueno como cualquier otro para perderse en la belleza que ofrece.

La ruta Sur

La isla posee cuatro rutas de senderismo de diferente dificultad. La Ruta Sur tiene un recorrido muy completo que transita por toda la mitad sur de la Isla de Ons. Parte de As Rodas y sube por la calle de O Curro y continua hasta Pereiró (cuya playa queda reducidas a la nada en la pleamar). Allí gira a la izquierda buscando el mirador de Fedorentos, atalaya que nos ofrece una panorámica espectacular de la isla de Onza, las islas Cíes, la Costa de la Vela y la ría de Aldán.

La siguiente parada es el Buraco do Inferno, una impresionante formación geológica que fue construyendo. El camino bordea los acantilados verticales de la costa de Ons hasta alcanzar la ensenada de Caniveliñas, desde donde atraviesa la Isla para regresar a O Curro.

Ruta do Castelo

Esta ruta es la más corta, poco más de un kilómetro, y es la más realizada de la Isla. Es un paseo suave que se inicia en el área de descanso que hay cerca de la playa de As Dornas, nombre que recibe de las embarcaciones tradicionales de pesca que usaban los pescadores.

Con dirección norte, aparece un camino que bordea la costa oriental y que se adentra en un pequeño bosque de sauces para llegar hasta al mirador do Castelo. Desde esta antigua batería de costa -sin terminar- hay unas vistas excelsas de la Ría de Pontevedra, y unos metros más abajo se puede descurbrir hay una curiosa furna.

El regreso se completa dirección O Curro, y se hace por un camino interior alejado del mar, dirección sur.

La ruta Norte

La Ruta Norte (o “ruta naturista”) parte de la caseta de información del Parque Nacional de las Illas Atlánticas y pasa por la famosa Playa de Melide.

Atraviesa la aldea de O Curro, pasando también por la Fonte do Castelo, bordea los acantilados de la costa este para finalizar en la Playa de Melide. Desde aquí hay desviarse hasta el mirador de punta Centolo.

Tras retomar el camino continuamos hacia el suroeste, un lugar ideal para observar aves y sus zonas de nido. Después de descender hacia a la ensenada de Caniveliñas hay que desviarse a la izquierda y atravesar la isla de regreso al pueblo de O Curro.

Ruta del Faro

La preciosa Ruta del Faro sale desde O Curro y asciende muy suavemente en dirección al barrio de Cucorno.

La ruta llega hasta el Faro de Ons, un edificio que data de 1926 y de los pocos en España que sigue atendido por un farero. Antes de llegar al faro se pueden ver las mejores vistas de la Isla cerca del Helipuerto. Seguidamente bordearemos los acantilados para llegar la ensenada de Caniveliñas.

En la parte más baja de la ensenada se descubre un camino que atraviesa la Isla de Ons por la parte más estrecha y nos permitirá regresar al punto de partida.

Cinco maravillosas playas que invitan a perderse

La mitad de las playas están en la parte oriental de la Isla de Ons. Ordenadas de Norte a sur estaría: Melide (la más grande y playa nudista), das Dornas (accesible por la parte norte del muelle), Area dos Cans (más famosa y concurrida), Canexol (muy cerca tanto del castro como del cementerio) y Pereiró (la playa más meridional de la Isla).

Las playas que están en el occidente de la Isla, mirando al Atlántico son: Los pedregosos arenales de Fontiñas y Liñeiro, junto con la playa de Fedorento, al sur, además de este islote septentrional, en la Isla podemos encontrar la playa de Onza Norte y Onza Sur.

Si quieres conocer más y cómo llegar, te invitamos a que pinches aquí y lo descubras tú mismo.

El espejo más grande del mundo está en Bolivia

Cristina C. Ugidos Bolivia, uno de los países más desconocidos para los españoles. Cuando pensamos en Sudamérica nos viene a la cabeza Machu Picchu en Perú, el tango argentino o la selva amazónica de Brasil (también los carnavales de Río, para qué nos vamos a engañar). Pero, ¿y Bolivia? Si tuvieras que decir qué se puede visitar en Bolivia, a lo mejor suena La Paz o el lago Titicaca, que comparte con Perú.

Pues nos vamos a introducir un poco más al sur del país y en esta ocasión voy a presentar uno de los lugares más impresionantes de Sudamérica: el Salar de Uyuni. Se trata del “desierto” de sal más grande del mundo. Dicen que si todos los seres humanos del planeta quisieran juntarse para hacer una gran fiesta sería allí donde entrarían sin apretujones o codazos. Sí, así de grande es.

A no muchos kilómetros de la frontera de Chile y a nada más y nada menos que 3.650 metros sobre el nivel del mar se encuentra la reserva de litio más grande del mundo. Es tan grande que se puede ver incluso desde el espacio. A esa altura hace frío todo el año, pero la experiencia es imperdible. Allí tienes la oportunidad de dormir en un hotel hecho íntegramente de sal, como los iglúes esquimales hechos a partir de bloques de hielo.

¿Por qué lo llaman el espejo más grande del mundo?

También se le conoce como el estudio fotográfico más grande del mundo, porque su blanca extensión llega hasta donde alcanza la vista. Jugando con la perspectiva y engañando al cerebro, allí se pueden conseguir imágenes tan divertidas como estas:

Sudamérica en general tiene una peculiaridad, allí no existen las estaciones, al menos no como las conocemos nosotros. Si bien saben qué son y cuando empieza la primavera, el otoño, el verano o el invierno (que, como sabes, en el hemisferio sur del planeta van al contrario, cuando en España es verano, allí es invierno), las flutuaciones térmicas entre ellas no son para nada relevantes. Lo que sí tienen es época de lluvias y época seca.

La época de lluvias, que comienza en torno al mes de noviembre, se prolonga hasta casi entrado abril. Cuando llega esta estación, el agua forma una película húmeda sobre la sal de Uyuni, provocando que se convierta en el espejo más grande del mundo. Sin lugar a dudas es uno de esos sitios que hasta que no lo conoces no te crees lo que están contando. Yo tuve la suerte de viajar en época seca y en época de lluvias y aunque en el mismo lugar, las sensaciones y experiencias fueron totalmente diferentes. Bolivia es tres veces más grande que España y en él existen muchos rincones increíbles y dignos de mencionar. Pero eso será tema para otra entrada.

La Gran Muralla

Es una historia vieja como el hombre y se adentra en el ámbito de los mitos: ganaderos ante agricultores, nómadas frente a sedentarios. Caín contra Abel. Durante siglos, la franja de terreno que se extiende entre el golfo de Bo Hai y el desierto de Gobi fue el lugar donde dirimían intercambios y rencores dos culturas irreconciliables. Por una parte, los pueblos de la estepa, jinetes errantes en perpetuo movimiento tras sus rebaños y la caza. Por otra, al sur, el mundo de las llanuras y las vegas del río Amarillo, con sus campesinos que hacían del cultivo de la tierra, el arraigo y el esfuerzo cotidiano, un modo de vida y su razón de ser.

Los relatos y fantasías sobre encarnizados enfrentamientos entre estas dos culturas se pierden en la noche de los tiempos. Sin embargo, hubo que esperar al siglo XVI para que los emperadores Ming asestaran el golpe definitivo contra las incursiones nómadas: alzaron una colosal muralla que atravesaba China de este a oeste. Con ella, extrañaban allende sus fronteras a quienes rechazaban su orden y autoridad; los expulsaban del paraíso chino. No cuesta imaginar la frustración de la caballería nómada, habituada al libre galope por espacios abiertos, al ver su paso interrumpido por una barrera casi insalvable. Tal era la magnitud del obstáculo, que su leyenda lo señala la única construcción alzada por el hombre que puede verse a simple vista desde la Luna.

Dos mundos que envuelven la Gran Muralla y arropan. Dos mundos que, pese a su ancestral desconfianza, se han influido mutuamente hasta crear nuevas formas de civilización, fruto de la interacción y el mestizaje cultural.

Hoy, como siempre, el norte de China sigue siendo un apasionante campo de batalla entre modelos contrapuestos. Aquella secular lid entre caballos y cultivos ha sido sustituida por otra no menos dramática: la que enfrenta a la China rural con la urbana; las formas de vida tradicionales con el mundo de los negocios, la especulación y el fulgurante enriquecimiento. Centenares de miles de campesinos chinos abandonan cada año sus tierras, camino de unas ciudades en imparable crecimiento. Las consecuencias de este flujo, buenas y malas, se evidencian ante el viajero, testigo privilegiado de unos frenéticos cambios cuyas consecuencias, de un modo u otro, nos afectan ya a todos.