Archive for El Bierzo Digital

Tokio, la capital de las mil caras

Hablando con un amigo, surgió esta semana el tema de nuestros lugares favoritos. Él ha estado en dos ocasiones en Japón, un país que me encantaría conocer algún día. Asia es mi asignatura pendiente en cuanto a viajar se refiere. Tokio es una ciudad en la que cualquier cosa puede suceder, mujeres y hombres vestidos con el tradicional yukata en los festivales de verano, las aglomeraciones de Shibuya o los paseos bajo las flores de cerezo en primavera. “Es de otro mundo”, dice mi amigo.

El centro de Tokio supera los 13 millones de habitantes, sí me has leído bien, 13 millones de habitantes. Solo el centro de la capital nipona tiene 23 barrios con una población cercana a los 13,23 millones de habitantes. Pero además, existen otras áreas donde viven más de 37 millones de habitantes, lo que la convierte en la mayor aglomeración urbana del mundo.

A pesar de que desde tiempos antiguos existían pequeñas poblaciones y templos en las colinas cercanas a la bahía de Tokio, se considera que la fundación formal de Tokio fue en 1457, cuando un vasallo del clan Uesugi, Ōta Dōkan construyó el Castillo Edo (江戸城 Edo-jō); así el área que rodeaba el castillo se comenzó a llamar Edo (江戸, literalmente “estuario”). El gobierno militar Tokugawa, que había tomado el castillo en 1590 y que tenía el control casi absoluto de Japón, estableció su gobierno en Edo en 1603, hecho que dio inicio al Período Edo en la historia japonesa. La nobleza, junto con el Emperador de Japón, permanecieron en Kioto, que siguió siendo la capital oficial, aunque sólo de manera protocolar.

Tokio disfruta de un clima templado y húmedo. Durante todo el año se celebran los matsuri, generalmente de origen sintoísta y auspiciados por algún templo o santuario; aunque a veces pueden tener un origen secular o hasta cristiano.

La cocina característica de Tokio tiene sus raíces en los tiempos en que el shogunato Tokugawa se estableció en Edo en 1603. En japonés, Edo-mae se refiere a la comida hecha con pescado de la bahía de Tokio, y es un término que actualmente denomina de forma genérica a la cocina tokiota.

El Edo-mae tomó una característica distintiva al irse combinando la cocina de los diferentes barrios de Shitamachi (ciudad baja en Edo). Los platos representativos son soba (蕎麦), tempura (てんぷら o 天麩羅, tenpura), udon, anguila asada (kabayaki); y, por supuesto, el sushi. La versión de sushi originaria de Tokio es conocida como Edo-mae-zushi, y se dice que nació en Honjo Yokoami, actual barrio de Sumida en el siglo XVIII. El oden (おでん) es un estofado de pescado y huevos cocidos, creado en Edo alrededor de 1850.

Grecia, cuna del pensamiento filosófico

Todo comenzó en Grecia, los grandes pensadores occidentales hicieron grandes descubrimientos. Las grandes ciudades se convirtieron, en este período, en los centros del saber, de las ciencias y del arte. A partir del siglo IV, la mayoría de los artistas fueron griegos de las colonias de Asia. Se dio un gran avance en el mundo de las ciencias, medicina, astronomía y matemáticas. Estas últimas fueron disciplinas estudiadas y enseñadas por grandes sabios como Euclides, Apolonio, Eratóstenes, Arquímedes, etc.

Grecia está estratégicamente ubicada entre Europa, Asia y África. Atenas, la capital, es la ciudad más poblada del país. Otras ciudades como Salónica, El Pireo, Patras, Heraclión y Lárisa, son centros políticos, económicos y culturales a nivel regional. La Grecia moderna tiene su origen en la civilización de la antigua Grecia, la cuna de la civilización occidental. Para Occidente es el lugar de nacimiento de la democracia, la filosofía occidental, los Juegos Olímpicos, la literatura y el estudio de la historia, la política y los más importantes principios de las matemáticas y la ciencia. El Estado griego moderno, que comprende la mayor parte del núcleo histórico de la civilización griega, se estableció en 1830, luego de una guerra de independencia del Imperio otomano.​ El legado de su larga historia se refleja en el arte, la arquitectura, gastronomía, literatura y otros aspectos culturales.

El territorio griego es principalmente montañoso y conforma una península que sobresale del extremo sur de los Balcanes y termina en la península del Peloponeso, la cual está separada del resto del continente por el canal de Corinto, que atraviesa el istmo de Corinto. Debido a su litoral tan accidentado y a las numerosas islas, Grecia cuenta con la décima línea costera más extensa del mundo. El territorio griego también comprende entre 1200 y 6000 islas —el número depende de la definición de isla—, 227 de las cuales se encuentran habitadas. De estas, Creta es la isla más grande y más poblada.

El clima de Grecia es en su mayor parte mediterráneo con inviernos templados y húmedos y veranos cálidos y secos. Este clima predomina en todas las regiones costeras, incluyendo Atenas, las Cícladas, el Dodecaneso, Creta, el Peloponeso, las islas Jónicas y partes de la región de Grecia Central. Gracias a la variedad de climas y paisajes, en Grecia se encuentran más de 5500 especies de plantas. En las tierras bajas es común encontrar árboles frutales como naranjos, olivos, dátiles, almendros, granadas, higueras y la vid. En terrenos más altos abundan los pinos, robles y castaños. En las zonas montañosas por encima de los 1070 msnm crecen árboles como la haya y el abeto.

La cultura de Grecia ha evolucionado a través de miles de años, iniciando con la Grecia micénica y pasando más notablemente por la Grecia clásica, a través de la influencia del Imperio romano y su continuación oriental, el Imperio Bizantino. Otras culturas y naciones, como los Estados latinos y francos, el Imperio otomano, la República de Venecia, la República de Génova y el Imperio británico también han dejado su influencia en la cultura griega moderna.

En tiempos antiguos, Grecia fue la cuna de la civilización occidental.​ Las democracias modernas deben su existencia a las ideas griegas sobre el gobierno del pueblo, el juicio con un jurado y la igualdad ante la ley. Los antiguos griegos fueron pioneros en muchos campos que dependen del pensamiento sistemático, como la biología, geometría, historia, filosofía y física.​ Introdujeron muchas formas literarias como la poesía épica y lírica, la narrativa histórica, la tragedia y la comedia. En su búsqueda por el orden y la proporción, los griegos crearon un ideal de belleza que influyó fuertemente el arte occidental.

El teatro nació en Grecia.​ La ciudad-Estado de Atenas, que se convirtió en la potencia cultural, política y militar más importante durante esta época, fue su centro, y fue el lugar donde se institucionalizó como parte de un festival llamado dionisias, una fiesta en honor al dios Dionisio. Los tres géneros dramáticos que surgieron aquí fueron: la sátira, la tragedia (finales del siglo VI a. C.) y la comedia (486 a C.).

Las principales muestras de la pintura griega que aún se preservan incluyen las copias romanas, por ejemplo las de Pompeya, las escasas muestras conservadas halladas en las tumbas de los reyes de Macedonia en Vergina, en Leúcade también en la antigua Macedonia y las de Kazanlak en la antigua Tracia.320​

Esta estatua de Hermes llevando al niño Dioniso, atribuida a Praxíteles, fue encontrada en Olimpia en 1877. Las obras conservadas de la antigua escultura griega son más comunes, en particular las de los maestros escultores, como Fidias y Praxíteles. Estos artistas y sus seguidores fueron frecuentemente emulados por los romanos. Sin embargo, los cristianos del siglo IV y V vieron la destrucción de los ídolos paganos como un «acto de piedad». Muchas esculturas antiguas de mármol fueron quemadas con cal en la Edad Media, y estatuas de bronce fueron fundidas para obtener el metal. Las estatuas de mármol que escaparon a la destrucción fueron olvidadas, o en el caso de los bronces, perdidos en el mar.

 

Tierraquemada, el éxito de exportar el mito de Numancia

Han sido 15 años de éxito, de crear empleo y de luchar para que Numancia encuentre el sitio que le pertenece como reclamo cultural. La asociación para la promoción de la cultura celtibérica ‘Tierraquemada’ se ha convertido en un colectivo activo, que crea puestos de trabajo y cuyo modelo de gestión de un bien cultural se intenta trasladar a otros lugares de la Comunidad.

Su presidente, Alberto Santamaría, afirma que la Junta de Castilla y León pone de ejemplo la gestión que realiza en Numancia, una asociación que emplea a 14 personas -en verano trabajan alrededor de 18- y que tiene un presupuesto de 450.000 euros. “La asociación es el ejemplo de cómo se puede gestionar de forma sostenida el patrimonio generando riqueza en el medio rural. De tal manera, que los habitantes de Garray perciben el patrimonio como un activo económico y lo salvaguardan y cuidan”, explica.

‘Tierraquemada’ gestiona las visitas en el yacimiento celtíbero y romano pero también se encarga de exportar el mito de Numancia fuera de Soria y realizar actividades de promoción de la cultura celtibérica.

Santamaría reconoce que su éxito ha sido en parte por tener a las administraciones de su lado, sobre todo, a la Junta de Castilla y León que se ha convertido en su “compañero de viaje” a la hora de promocionar el enclave cultural del cerro de la Muela. Además, precisa que en el tema de la investigación científica, subvencionada por la Comunidad, “tampoco ha faltado nada”, ya que su responsable, Alfredo Jimeno, “ha tenido siempre los recursos que ha solicitado para excavar en verano en el lugar e investigar sobre los hallazgos”.

A pesar de ello, advierte de que tanto el Gobierno autonómico como el Estado, titular del yacimiento, deben implicarse más en su actualización, y recuerda que la gran asignatura pendiente de Numancia es dotarlo de servicios para el visitante. Necesita un centro de recepción de visitantes y que el itinerario para visitar el enclave sea accesible, ya que a día de hoy una persona en silla de ruedas no puede acceder.

“En este aspecto suspendo a las dos administraciones. Conocen que Numancia es la seña de identidad de Soria y un activo patrimonial y cultural de primer orden y no impulsan que cuente con los servicios propios del siglo XXI”, critica.

Santamaría detalla las demandas del centro: un centro de atención a las visitas, la reconstrucción de elementos en el ámbito romano, mostrar Numancia con técnicas actualizadas (3D) y lograr que emocione a través de recursos sensoriales. “Deben de apostar porque la visita sea de primer orden, hacerla accesible y adecuada al símbolo que representa”, pide.

La crítica del colectivo también se extiende a la Comisión Nacional para la Conmemoración de los 2.150 años de la gesta de Numancia, que “no ha sido todo lo activa que se podría esperar” y debería de haber servido, sobre todo, para remozar el lugar.

Otro de los frentes que el colectivo deberá afrontar a medio plazo es la posible Declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que promueve especialmente el Foro Soria 21, es decir, la familia Marichalar. A este respecto, Santamaría advierte que deben de ser los vecinos de Garray los que decidan si quieren que Numancia obtenga este reconocimiento por parte de la Unesco, ya que serán ellos los que deberán soportar las limitaciones en lo que se refiere al urbanismo en la localidad y el cultivo de las tierras de labor.

“Hemos instado a Amalio de Marichalar a que explique a los vecinos que va a suponer esta declaración en sus activos, en su trabajo y en sus bienes. Creemos que puede ser positivo pero deben de darnos una explicación para que luego no se encuentren una oposición del entorno”, dijo, para reiterar que debe de detallar qué deberán ceder los vecinos para conseguir la declaración, cómo afectará al urbanismo de Garray o las tierras cultivables que rodean al yacimiento y su cerco.

La asociación Tierraquemada escenifica un episodio de las Guerras Numantinas en Garray (Soria). / Concha Ortega

Fueron las mujeres de Garray las que impulsaron la constitución de la Asociación Cultural Tierraquemada. En 1999 decidieron representar la caída de Numancia con motivo de la apertura del aula arqueológica. Ese verano volvieron a representar la obra ante 1.000 personas y actualmente el primer fin de semana de agosto Garray acoge a cientos de personas para ver las representaciones de las guerras numantinas en el yacimiento arqueológico, una de las actividades estivales con más éxito de la provincia.

“La asociación se constituyó para vincular el pueblo con el yacimiento; difundir Numancia más allá de Soria, ponerlo en alza; generar riqueza. Al principio nos parecía una utopía generar un círculo socioeconómico en torno al yacimiento, pero ahora podemos decir que se está consiguiendo”, alude.

Fuente: Ical

El patrimonio educativo de Otones de Benjumea

Patricia Martín Otones de Benjumea es un pequeño pueblo situado a 30 kilómetros al noreste de Segovia capital que cuenta con uno de los mejores museos pedagógicos de toda España. La asociación cultural ‘El Corralón’ abrió este espacio para el recuerdo en las Antiguas Escuelas hace 22 años y ha recibido más de 40.000 visitantes atraídos por este curioso recorrido por el patrimonio educativo de los últimos 150 años.

A finales de los 90, asegura Juan Francisco Cerezo, miembro de la asociación cultural ‘El Corralón’, surgió una corriente para proteger y rescatar el patrimonio educativo. Los historiadores de la educación empezaron a prestar atención a la recuperación y el estudio del patrimonio pedagógico, que se conoce como etnografía escolar o la etnohistoria de la escuela. En Otones de Benjumea lo hicieron realidad creando su museo pedagógico ‘La Última Escuela’.

Juan Francisco Cerezo explica que este trabajo realizado a lo largo de las últimas tres décadas fue recogido en una publicación sobre Museos Pedagógicos de España que recoge el de Otones como “una de las 16 iniciativas más notables de todo el país”. También cuentan con varios premios nacionales, regionales y provinciales como el galardón ‘Fuentes Claras’, que concede la Junta de Castilla y León, o el premio ‘Macario Asenjo Ponce’ del grupo d de Acción Local del Nordeste Segoviano, Codinse.

El proyecto comenzó en 1996 transformando algunos espacios de las Antiguas Escuelas en museo con cerca de 800 objetos relacionado con la escuela y la educación desde mediados del siglo XIX y todo el siglo XX. Con el paso de los años y el éxito que iba consiguiendo el museo, los integrantes de ‘El Corralón’ afrontaron sucesivas ampliaciones, adecuando nuevo espacios como el patio. A día de hoy, el Museo Pedagógico de Otones de Benjumea cuenta con 25.000 objetos de todo tipo relacionados con el mundo de la educación.

Un museo diferente y muy curioso que se nutre de las donaciones “de los colegios que cuando hacen obras o limpieza nos llama para que vayamos a ver lo que tienen”. También objetos donados por visitantes que han pasado por el museo y después han recopilado cosas en sus casas y se las han traído y “compras de materiales que hacemos nosotros dentro de lo que podemos”.

Entre libros y pupitres

Las aulas de Otones atesoran los objetos que utilizaron cuando iban a la escuela nuestros tatarabuelos, bisabuelos y abuelos en libros de texto, de lectura, de consulta, todo el material escolar, colecciones de juegos y de juguetes. Así como el mobiliario de las clases primero en mesas, luego los pupitres, pizarras, y todo lo que también utilizaban los maestros y maestras como recurso para la enseñanza. Un recorrido muy visual por la historia de la escuela y su evolución década tras década también en fotografías.

Los fondos del museo tienen cifras astronómicas como más de 16.000 libros educativos y más de 4.000 objetos de menaje escolar. Además, con la intención de guiar y orientar la interpretación de la realidad escolar, los visitantes disponen del material publicado por la asociación, con un catálogo-libro y un vídeo sobre ‘La Última Escuela de Otones’.

Con este proyecto colectivo, dentro de la dimensión rural, los vecinos de este pueblo segoviano hacen un homenaje y reconocimiento “a los maestros y maestras, a las familias, a los niños y niñas que alentaron el discurrir de la escuela” porque los años de formación son muy valorados “como una de las raíces más importantes de nuestras vidas” para todos los que han tenido “la oportunidad de impregnarnos de su cultura”.

Juan Francisco Cerezo afirma que hacen todo lo posible para que este museo sea muy visitado y se pueda dar a conocer el patrimonio educativo vinculado a la escuela rural. Para todos los interesados en conocer el Museo Pedagógico ‘La Última Escuela’ de Otones de Benjumea lo mejor es contactar previamente a través de los números de teléfono: 921 43 47 50, 921 50 10 17 y 686 068 041. También disponen de mucha información en su página web, en la redes sociales y folletos en oficinas de turismo.

Etnografía

En la asociación ‘El Corralón’ están muy orgullosos de su museo porque en estos 22 años de apertura al público ha recibido más de 40.000 visitantes que es una cifra muy importante para un pueblo “tan pequeño”, con menos de 70 vecinos censados pero con una gran fuerza cultural y social porque a este colectivo cultural pertenecen 350 socios en el que están implicados los hijos del pueblo que viven en otras ciudades pero guardan un fuerte vínculo con Otones y con Torreiglesias, municipio al que pertenece esta localidad.

La asociación ‘El Corralón’ es muy longeva con cuatro décadas de historia y muy inquieta porque gestiona un segundo museo en el pueblo: el museo etnográfico. Éste segundo espacio museístico esta ubicado en la ‘Casa del Marqués’ que sirvió de residencia de temporada a los nobles propietarios de la zona. Los vecinos de Otones de Benjumea han realizado un recopilación de objetos antiguos para reconstruir su vida cotidiana: las labores agrícolas y ganaderas de la siembra, la recolección, la vendimia o el pastoreo.

También objetos vinculados a otros oficios como la albañilería, carpintería o la herrería, y un gran número de objetivos de las casas, los útiles del hogar y enseres domésticos, que se completan con con juegos y fotografías cedidas por los propios vecinos para dar vida a las diferentes estancias del Museo Etnográfico.

El Bierzo, cruce de caminos jacobeos

El Bierzo es tierra hospitalaria y generosa de naturaleza exuberante que, con facilidad, atrapa los sentidos del visitante. Territorio de ermitaños, monjes, castillos, caballeros templarios, monasterios, leyendas y suculentas viandas, es también cruce de caminos surcados desde hace siglos por quienes persiguen el sueño de llegar a Santiago de Compostela en impenitente peregrinación.

La comarca berciana desprende aires jacobeos por los cuatro costados y cuatro son las rutas que, con un único fin, confluyen en el vergel más occidental de la provincia leonesa. Aunque cada uno con un origen propio y con itinerarios que compiten en belleza y personalidad, todos son custodios de buena parte de la esencia cultural berciana y legua a legua regalan hermosas estampas en rincones que se suceden como si de un ejercicio de realismo mágico se tratase.

Camino Francés

Dice la tradición, “que de allá de donde salgas para Santiago, llévate una piedra y deposítala en la Cruz de Ferro. Te dará buena suerte para el resto del camino”. Este hito del Camino, uno de los más simbólicos, situado en lo alto del puerto de Foncebadón, es la puerta de entrada de la ruta en tierras bercianas.

A partir de aquí la senda desciende sin tregua como queriendo acelerarnos el paso para acortar el tiempo que nos separa de las maravillas que nos esperan. Con el espectáculo visual que dibuja el mágico y mítico monte Teleno a nuestra espalda, el vertiginoso valle de Compludo con sus secretos y tesoros a nuestra izquierda y la desafiante silueta de los montes Aquilanos recortando el cielo de poniente, se abre ante nuestros ojos la inmensa panorámica de la olla berciana perfilada en su extremo norte por la sierra de Ancares.

Paso a paso vamos dejando atrás el paisaje de alta montaña y los robles y los castaños se van convirtiendo en compañeros del “viaje” que nos llevará hasta Ponferrada. Pero antes de llegar a la capital será inevitable hacer un alto reconfortante en la aldea de El Acebo y admirar su arquitectura típicamente berciana al olor de un buen “café de puchero”. Unos kilómetros más abajo, después de un recodo del camino, la silueta del caserío de Molinaseca nos invita a cruzar su puente románico y recorrer su calle Real como tantos y tantos peregrinos lo han hecho desde hace mil años. Localidad íntimamente ligada al Camino de Santiago, su riqueza patrimonial y gastronómica la convierten en punto de referencia y parada obligada.

Nuestro caminar discurre ya por el lecho de este inmenso valle y la senda se abre paso entre frondosas huertas y viñedos hasta llegar a Ponferrada. Ciudad templaría por definición, despliega su máxima monumentalidad con la imponente silueta del castillo de los Templarios, una de las más impresionantes construcciones militares, cuyos orígenes se sitúan en el siglo XIII y que en la actualidad alberga el Templum Libri, una magnífica muestra de algunos de los libros más bellos de la historia que hasta hace muy poco tiempo han permanecido ocultos y custodiados en colecciones privadas, bibliotecas, universidades, monasterios y museos. La Basílica de Nuestra Señora de la Encina, la Torre del Reloj, el Convento de las Concepcionistas y el Ayuntamiento conforman el plantel arquitectónico más representativo de la capital berciana, sin olvidar la joya mozárabe de Santo Tomás de las Ollas o el Museo de la Energía, donde se mantiene vivo el recuerdo de la actividad minera tan ligada a esta tierra desde siempre.

Salvamos la barrera natural del río Cúa en la localidad de Cacabelos, por cuyas calles se suceden constantes referencias jacobeas entre testimonios arquitectónicos que rememoran su importancia histórica, antes de orientar nuestros pasos entre bucólicas estampas de viñedos y cerezos hacia la genuina Villafranca del Bierzo. Villa con una arraigada tradición jacobea, sus orígenes nos transportan al año 1070 con el asentimiento de comunidades de monjes clunicienses que levantaron un monasterio en el lugar donde hoy se encuentra la Colegiata de Santa María de Cluniaco. Cuando el peregrino es recibido por la sencilla y hermosa iglesia de Santiago, y su reconocida Puerta del Perdón, única junto con la de la Catedral de Santiago en la que se puede obtener la “compostela” si la salud no permite culminar la peregrinación, nuestra respiración se calma y una sensación de serenidad nos invade. Estos mil años de historia han dejado su huella en un generoso y variado patrimonio que se ve representado en construcciones como la iglesia de San Francisco que posee el artesonado mudéjar más grande del noroeste español, la propia colegiata, construcciones civiles como el castillo de los Marqueses de Villafranca o el Palacio de los Duques de Arganza y diversos monasterios y conventos como el de San Nicolás el Real.

El conjunto urbano es una hermosa sucesión de calles, plazas e innumerables y sugerentes rincones que ponen de manifiesto el carácter medieval de la villa del Burbia que tiene su máximo exponente en la famosa “Calle del Agua”, lugar de paso de los peregrinos que se dirigen a Santiago y que, en sí misma, es un museo de heráldica al aire libre, así como una importante muestra de arquitectura barroca civil y religiosa.

Cruzando el puente medieval que separa el casco histórico villafranquino del popular barrio de Tejedores, el camino inicia los últimos tramos antes de entregar al peregrino a tierras gallegas. Pero antes habrá que recorrer las veredas del río Valcarce bajo la atenta y protectora mirada del castillo de Sarracín que, desde su atalaya natural, ha sido testigo del íntimo caminar de peregrinos llegados de todos los rincones del mundo desde hace siglos.

Son las aldeas de Las Herrerías, La Faba y La Laguna, clavadas en un escenario natural de increíble belleza, quienes dan ánimo y aliento al caminante para vencer el último y vertiginoso desnivel en tierras leonesas.

El Camino Olvidado

Posiblemente ésta sea una de las rutas más antiguas de cuantas discurren por nuestra geografía y, pese a caer en desuso, nunca fue olvidado del todo.

Su nacimiento hay que buscarlo en el País Vasco, fundiéndose en la berciana localidad de Villafranca del Bierzo con el Camino Francés, después de compartir en su recorrido la magia de unos paisajes únicos.

Esta legendaria ruta entra en El Bierzo desde la también comarca leonesa de Omaña, sorteando la imponente silueta del monte Catoute, por la Campa de Santiago, allí donde nace el río Boeza.

A medida que se avanza el aire se torna brisa serena hasta llegar a Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, el pueblo con el nombre más largo de España. Declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico, es un magistral catálogo de arquitectura tradicional y recorrer sus calles es un permanente estímulo para los sentidos, pues conserva magníficas muestras de valor etnográfico incalculable.

Dejando atrás este museo al aire libre, la ruta se encamina por un escenario natural cambiante en cada época del año, pues su generosidad hace que aquí encuentren su hábitat perfecto cientos de especies vegetales, hasta llegar a las inmediaciones del pantano de Barcena, después de atravesar las localidades

De Igüeña, Quintana de Fuseros, Cabanillas de San Justo, San Justo de Cabanillas, Labaniego, Arlanza, Losada, Rodanillo, Cobrana y Congosto. Desde aquí se hace necesario bordear el embalse, renunciando a la visita de las aldeas que quedaron sumergidas a mediados del siglo pasado.

Pocos kilómetros quedan ya para alcanzar el Camino Francés, pero la belleza de lo recorrido, el calor de las gentes que nos hemos encontrado y la sensación de serenidad vivida nos dejarán una profunda huella en el corazón al sentirnos protagonistas del renacer de un camino genuino.

El Camino de invierno

Como su nombre indica, se trata de la ruta seguida e iniciada por los peregrinos medievales para evitar el sufrimiento de la crudeza invernal que significaba llegar a O Cebreiro por el Camino Francés.

Partiendo desde Ponferrada y siguiendo la margen izquierda del río Sil, lo que garantizaba un clima más benigno, la senda discurre entre bosques de castaños, cerezos y bosques de ribera que tapizan la tierra con generosidad sobrecogedora. Y de pronto, después de dejar atrás localidades como Toral de Merayo, Priaranza o Santalla del Bierzo en las que siempre es bien recibido el peregrino o el viajero, por encina de las copas de los árboles, sobre una atalaya natural y con aspecto de estar colgado de una potente barranco, la silueta del castillo de Cornatel nos recuerda que ésta siempre fue tierra de paso y que él siempre ha estado ahí vigilante. La que fuera la segunda fortaleza templaría en orden de importancia, detrás de la de Ponferrada, posiblemente deba su origen a una anterior cuya misión fue la de proteger la cercana explotación minera de oro en tiempos de los romanos: Las Médulas.

Actualmente sigue conservando ese misterioso magnetismo por el que jamás pasa desapercibido, además de levantarse en medio de un paisaje de belleza extrema.

Continuamos el camino a través de la localidad de Borrenes con el “punto de fuga” ya puesto en Las Médulas, sin duda alguna un hito de la historiografía minera.

“…Y el monte fragmentado cae por sí mismo con más estruendo del que la mente humana puede concebir”. Así describió Plinio el Viejo en su “Naturalis Hispaniae” una de las fases del proceso de extracción del oro en la época romana de los albores de nuestra era. Esta técnica, empleada en Las Médulas, el más colosal reto de explotación aurífera imperial y definida como “ruina montium”, consistía en la acción depredadora del hombre para destruir la montaña en busca del preciado metal.

El espectáculo que hoy podemos contemplar, dos mil años después, es un paisaje sorprendente y cautivador que roza la irrealidad con grandes barrancos arcillosos, largas y oscuras galerías y agujas de tierra erosionadas que emergen del verdor exuberante de las copas de los castaños, robles y genistas.

Desde el mirador de Orellán la panorámica es sobrecogedora. Extrañas sensaciones asaltan nuestros corazones, mientras despiertan los sentidos disparando la imaginación hacia otros tiempos. Resulta muy difícil desviar la mirada cuando los ojos se nos quedan clavados en cada rojizo picacho o en cada vaguada tapizada de un manto verde de castaños centenarios que resalta más aún la grandiosidad de un paraje que, con todo merecimiento, es Patrimonio de la Humanidad.

Así son Las Médulas, unas ruinas de la propia naturaleza formadas por el hombre que con cada amanecer despiertan aún más bellas y sugerentes, con el embrujo y la magia capaz de hechizar el corazón y la memoria de todo aquel que tenga la osadía de descubrir sus secretos.

Poco a poco nuestros pasos se encaminan a la última localidad leonesa, Puente Domingo Florez, después de contemplar el lago de Carucedo a la vez que nuestra imaginación rememora alguna de sus leyendas.

Camino del Manzanal

Esta ruta, variante del Camino Francés entre Astorga y Ponferrada, ofrece un recorrido algo más largo, pero con menores cotas de altitud, por lo que resulta interesante, además de por su riqueza histórica y paisajística.

Una vez alcanzada la localidad de Manzanal del Puerto aguarda la primera sorpresa. El monasterio de San Juan de Montealegre, fundado en el año 945 junto a la calzada romana Vía Nova. Tras la Desamortización de Mendizábal el cenobio entra en un paulatino e inexorable deterioro, a pesar del cual conserva su personalidad. Afortunadamente se han iniciado algunas labores de consolidación con el fin de evitar su total desaparición.

A partir de aquí el camino hacia las localidades de Torre del Bierzo y Folgoso de la Ribera se convierte en un recorrido intimista, silencioso y placentero por un escenario natural rico en matices, formas y colores que aún hoy dejan ver algunos restos de la ya desaparecida actividad minera.

Bembibre y su rico patrimonio histórico es punto de referencia de esta ruta y un buen lugar para reponer fuerzas, antes de continuar hacia San Miguel de las Dueñas y su monasterio cisterciense del s. X, que bien se merecen una pausada visita. Entre sus muros atesora mil años de historia y un magnífico patrimonio artístico.

La iglesia berciana que escapó de la peste

D. Álvarez La iglesia parroquial de Santa María, en la localidad de Suárbol, perteneciente al municipio berciano de Candín, es origen de varias leyendas en esta pequeña villa de montaña situada en la falda de la sierra de Los Ancares. Más allá de las historias legendarias asociadas a su construcción, la iglesia, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento desde 1995, conserva a día de hoy un vestigio de tiempos pasados en forma de cementerio alojado en el interior de los propios muros de la iglesia, una curiosidad que estuvo presente durante siglos en muchas de las iglesias de la comarca, pero que fue desapareciendo a lo largo de los años por la llegada de la peste. En Suárbol, las paredes de la iglesia se encalaron con el objetivo de dificultar el avance de la enfermedad, al igual que pasó en muchos templos de todo el país, pero el camposanto intrwamuros, guardado con celo por los vecinos de la localidad, sobrevivió a las diferentes normativas que obligaban a alejarlos de los lugares de culto.

En ese sentido, José Quiroga, el vecino encargado de guardar las llaves del templo, recuerda que el porche deambulatorio que rodea la nave central de la iglesia se usaba cuando el mal tiempo hacía acto de presencia en las fiestas grandes de la localidad, que se celebran en el mes de agosto. “Cuando llovía, sacaban la imagen por el porche en vez de hacerla procesionar por las calles, para que no se mojara”, relata. Más tarde, uno de los laterales del porche se utilizó para albergar los primeros enterramientos, que se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX.

A día de hoy, las escasas tumbas que forman parte de este particular cementerio ubicado en el ala norte del templo, disfrutan de un silencioso y tranquilo descanso que los vecinos de la localidad no permiten que se interrumpa por ninguna razón. Y es que, en la pequeña localidad, donde habitan apenas una decena de familias, muchas de ellas de forma intermitente, raro es el vecino que no tenga un familiar enterrado en el pequeño espacio, al cual únicamente un pesado portón de madera separa de la nave central de la iglesia.

Bien de Interés Cultural

Tras más de dos décadas desde su declaración como BIC, Quiroga lamenta el mal estado de conservación de la iglesia. “El deterioro lo vemos todos, pero somos los vecinos los que tenemos que cuidar de todo, con ayudas mínimas”, explicó. Al respecto, Quiroga recuerda que los bancos que actualmente ocupan la nave central de la iglesia fueron pagados por los propios habitantes de la localidad, que también tuvieron que financiar las distintas reparaciones en las lámparas o la instalación de una puerta nueva.

Lo mismo ocurrió con las reformas realizadas en la escalera del campanario y en el muro lateral del templo, que amenazaba con derrumbarse. “Cada uno hace lo que puede”, recuerda el vecino, que critica que la normativa que afecta a los BIC establezca que “todas las obras que haya que realizar en el inmueble o en su entorno, no pueden llevarse a cabo sin la aprobación previa del proyecto correspondiente por la Direeci6n General o por la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural”.

Esa misma normativa establece un entorno de protección alrededor del templo, que viene delimitado por un circulo con un radio de 200 metros, cuyo centro estaría situado en el centro de la iglesia. “Si hay que pagar a un arquitecto que haga un proyecto de pequeñas obras, ya se nos escapa de las manos”, explica Quiroga, que valora que el obispado de Astorga, propietario de la edificación, haya aportado “pequeñas ayudas” para actuar en el templo.

Al respecto, la asociación cultural Suárbol Cuiña, nacida en abril de 2015, reclama a las administraciones con competencias en la materia que “apoyen y fomenten la recuperación y mantenimiento del paraje”, explica una de sus responsables, Noelia Quiroga, que recuerda que el colectivo está formado por “un grupo de personas que tiene como objetivo mostrar la riqueza paisajística y etnográfica de Suárbol y de la comarca de Ancares”.

En ese sentido, entre los objetivos de la asociación destacan otros aspectos como el fomento de actividades socioculturales en la pequeña localidad y la recuperación, limpieza y señalización de las sendas y caminos que en su día fueron importantes vías de comunicación y que hoy, prácticamente olvidados, apenas son usados por el ganado y algún que otro senderista.

Trasladada piedra a piedra

Otra de las leyendas asociadas a esta remota iglesia cuenta que su actual ubicación responde a un capricho de la Virgen, que habría decidido trasladar el templo desde su anterior emplazamiento, montaña arriba, hasta la parcela en la que hoy se alza, en una pequeña planicie de la localidad, que recibió el nombre de Ambasaguas hasta el siglo XIV, por su situación entre dos cursos de agua. En aquel entonces, los habitantes tenían que desplazarse hasta el entorno conocido como O Coladín para asistir a los oficios religiosos en el templo que compartían con los vecinos de Balouta.

Según la leyenda, a la que dan pábulo los mayores del pueblo, el cambio de nombre del pueblo se debería a que la imagen de la Virgen que se custodiaba en el antiguo templo aparecía todas las mañanas en el actual emplazamiento de la iglesia, debajo de un árbol. Asombrados por el milagro, tanto los vecinos como el clero habrían interpretado ese gesto como una señal y habrían trasladado “piedra a piedra” la iglesia hasta su actual ubicación. El nombre de Suárbol, pues, haría referencia al árbol de la Virgen María, patrona del templo.

Más allá de la leyenda y de un modo más prosaico, Quiroga sospecha que el episodio seguramente tuvo más que ver con una jugada del párroco de la época, que vivía en una de las casas de Suárbol, en la parte baja de la ladera, y que no quería recorrer los duros y empinados caminos de montaña todos los días para oficiar los distintos servicios. Él habría sido el responsable de llevar, durante las noches, la imagen hasta el solar en el que se construyó el actual templo, para convencer a los feligreses de que el traslado de la iglesia era una cuestión divina, explica el vecino.

Sea como fuere, la actual iglesia, construida a lo largo del siglo XIV en el terreno en el que la leyenda sitúa la existencia del árbol bajo el que aparecía la imagen, vio con el paso de los años como un nuevo árbol se empeñaba en enraizar en uno de los muros laterales, amenazando con derribar la construcción. Los vecinos, divertidos por la coincidencia pero preocupados por el futuro de la edificación, tuvieron que eliminar el ejemplar para evitar males mayores en la estructura del templo.

Barroco clasicista

Tras las muchas restauraciones y reformas sufridas a lo largo de los siglos, la iglesia de Santa María de Suárbol constituye a día de hoy uno de los mejores ejemplos de la mezcla entre elementos estilísticos de carácter tradicional con otros pertenecientes al periodo barroco del siglo XVII que se conservan en la comarca del Bierzo. El templo, situado en un lugar presidencial dentro de la estructura urbana de la localidad, está compuesto por una única nave, con un pórtico de enormes sillares que se abre hacia el sur, en el que destacan los cinco grandes arcos de medio punto que configuran la imagen más conocida de la iglesia.

La fachada principal presenta un frente liso de granito gris, coronado con una espadaña de dos cuerpos, adornada con las típicas esferas herrerianas. En el interior, la nave, el crucero y el presbiterio tienen un estilo sumamente sencillo, en el que destacan los símbolos asociados a las rosas. El templo fue declarado BIC con categoría de monumento el 24 de marzo de 1995, en una declaración que vino a complementar la que en 1971 recibió la localidad, a la que el Ministerio de Educación y Ciencia otorgó el título de “paraje pintoresco”, lo que supuso su inclusión en el Patrimonio Histórico-Artístico Nacional.

Astronomía en la bóveda de San Pedro Cultural

V. Amor El tándem conformado entre arquitectura y astronomía alcanza su máximo exponente en Becerril de Campoo (Palencia), donde ciencia y arte se dan de la mano en San Pedro Cultural. Un espacio que cumple tres años convertido en todo un referente de la oferta cultural de tierra de campos y en un reclamo para el turismo provincial. Un lugar casi mágico que tiene un carácter multidisciplinar y que sorprende a todo el que se sumerge en este particular universo con sede en la localidad.

El espacio, cuya restauración sirvió para devolver a la vida a las ruinas de la antigua iglesia de San Pedro, es un punto de encuentro entre niños y mayores, que siempre se ven sorprendidos por el espacio. Pero además se ha convertido en una lección sobre sobre el universo, en la cual también confluyen vestigios románicos, renacentistas y barrocos en un edificio que bien puede ser una clase de historia del arte.

Un recurso cultural que ha sido un soplo de aire fresco para los cerca de 800 vecinos de este pueblo del sur de Palencia, quienes ahora pasean por las calles con el orgullo de saberse moradores de un pueblo que comienza a situarse en el mapa.

A buen seguro, la mayoría no imaginaba lo que iba a conllevar esta actuación para la localidad. “Está siendo muy bueno, la gente viene al pueblo y el pueblo se conoce. Además, es un sitio precioso”, comenta una pareja de vecinos de la localidad quienes, precisamente, insisten en que San Pedro Cultural se ha convertido en un espacio esencial en la vida de este pueblo terracampino.

Es indudable que la vida sigue en Becerril, pero el pueblo ha sufrido ciertos cambios. A la rutina diaria se suman ahora los cientos de turistas que cada semana se acercan para conocer San Pedro Cultural.

Y es que, hace cerca de tres años comenzó el gran viaje del municipio terracampino, la puesta de largo de rehabilitación de la iglesia de San Pedro, con la finalización de unas obras que convirtieron al templo en un centro cultural que fue inaugurado por la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, y la anterior presidenta de la Diputación, Ana Asenjo, el pasado 19 de marzo.

“Hasta una ruina puede ser una esperanza”, una frase de Miguel de Unamuno y repetida a lo largo de toda su trayectoria por el arquitecto y viñetista, José María Pérez, ‘Peridis’, que bien puede resumir la historia de San Pedro Cultural, cuyas obras levantaron este actual centro cultural sacando del olvido las ruinas de esta iglesia. En una localidad con un importante patrimonio religioso.

Desde entonces, los datos de visitantes lo dicen todo y es que, tras La Olmeda y la iglesia de San Martín de Frómista, este espacio es uno de los más conocidos y visitados de la provincia.

San Pedro Cultural en Becerril de Campos (Palencia). / Brágimo

Un cumpleaños especial

La exposición de astrofotografía, ‘El cosmos desde tierras palentinas’ de la Agrupación Astronómica Palentina y patrocinada por la Diputación de Palencia, está sirviendo para celebrar este cumpleaños tan especial. También se han programado visitas con los arquitectos del espacio y otra seri de actividades como conciertos.

Además, para cerrar el mes aniversario, se procederá a la apertura del Escape Room en una de las dependencias del Ayuntamiento. Este juego de habilidad y lógica, está ambientado también en la temática astronómica, para dar así continuidad a la línea marcada por San Pedro Cultural y que tantos éxitos está produciendo.

El taller burgalés del que salió ‘La Celestina’

L. Sierra Un año antes de que comenzara el siglo XVI, la ciudad de Burgos “parió” la primera edición de La Celestina. La obra en castellano más importante de todos los tiempos tiene sello burgalés, al haber nacido en una de las imprentas más importantes de todos los tiempos. La que don Fadrique de Basilea gestionó desde mediados del siglo XV a los pies de la catedral de Burgos. Una historia llena de historias por contar.

Una placa recuerda al visitante del siglo XXI que sube la cuesta que conduce desde la Plaza de Santa María hasta la calle Fernán González del importante lugar en el que se encuentra. Es justo al lado de un conocido restaurante donde se da cuenta de “que la Celestina nació allí en el año 1499”. Algo que no conoce casi ninguno de los foráneos estivales o invernales que deciden visitar Burgos. “No lo sabíamos y nos parece algo maravilloso”, comenta una pareja de Cádiz que pasa unos días de descanso y temperaturas más bajas en la cuna de Rodríguez de Vivar.

Como estos turistas son muchas las personas, también nacidas en Burgos, que desconocen la vinculación existente entre la ciudad y la célebre obra del medievo castellano. Para poder contar la misma es necesario viajar hasta el siglo XV y situarse en el esplendor de la ciudad castellana. Burgos era en ese momento uno de los centros culturales, políticos y económicos de toda la corona y, esa imagen, es la que debe conservarse si se quiere viaje a la imprenta de don Fadrique, conocido con el sobrenombre, de ‘El Alemán’.

La emplenta del siglo XV

En esa ciudad vieja que comenzaba a abrirse mirando al renacimiento y al desarrollo que llegaba de Europa de la mano de mercaderes y peregrinos hubo de ubicarse el taller impresor del que se entiende salió la edición príncipe de La Celestina. Su responsable, Fadrique de Basilea, comenzó a ejercer el oficio tras haberlo hecho en su ciudad natal.

Eligió un taller situado en la subida del Azogue, que entonces igual que ahora conectaba la parte baja de la seo gótica con la iglesia de San Nicolás. En esas casas que tuvieron a bien recibir el nombre de ‘la empelota’ se asentó el gremio de libreros e impresores de Burgos.

Se cree que don Fadrique recibió sus primeros encargos hacia el año 1470 de la mano del Cabildo metropolitano de la Catedral de Burgos que por aquel entonces era el órgano que regía buena parte de los destinos de la ciudad. Todo apunta a que estos encargos fueran una serie de indulgencias impresas en hojas sueltas. Poco después de aquel prolífico horno literario saldrían los ejemplares de la Grammatica de Andrés Gutiérrez Cerezo por la que Fadrique de Basilea recibió más de 70.000 maravedíes.

La fama de ‘El Alemán’ fue in creciendo con el paso de los años y con él, la de su imprenta que se convirtió en una de las más populares del reino. Se estima que la producción rondó el centenar de libros en los más de cuarenta años que estuvo en activo el taller.

El más importante se imprimió en 1499. Era la edición ‘príncipe’ o primera de La Celestina que los entendidos atribuyen a Fernando de Rojas. En sus páginas la belleza de ilustraciones que ahora aguardan el paso del tiempo en Nueva York y que dan cuenta de la historia de pasión y celos protagonizada por Calixto y Melibea. Una obra de culto, parte obligada de la historia de la literatura española, y por qué no de la historia literaria de Castilla y León.

Conexión regional

La conexión de la Celestina con la región tiene su origen en Burgos pero no es el único punto en el que se recuerda la tragicomedia atribuida a Fernando de Rojas.  En Salamanca, en una de las zonas más mágicas de la ciudad antigua, el Huerto de Calixto y Melibea- un jardín de 2.500 metros cuadrados ubicado en el casco antiguo- evoca el carácter romántico por la historia de amor narrada en el siglo XV. Fue abierto en 1981 y en la actualidad es uno de los rincones más visitados de la capital charra.

Ese es el impacto de una obra cuya composición se remonta a los últimos años del siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos, y su éxito editorial comienza en el siglo XVI siendo prohibida en 1792.

Tragicomedia

Ejemplo de comedia humanística, el valor de La Celestina lo pone su argumento amoroso, su finalidad didáctica y su vinculación con el mundo universitario que por aquel entonces comenzaba a andar en Castilla y en todo el reino. El argumento muy ligado a ese mundo del siglo XV que comenzaba a ser más pasional que religioso: Calisto ve casualmente a Melibea en el huerto de su casa, donde ha entrado a buscar un halcón y cae rendido a sus pies. Comienza así su perdición y una historia llena de pasión, celos y otros acentos propios del Renacimiento.

Una historia que se sigue vendiendo en todas las librerías de Burgos y de buena parte de España y que siguen estudiando los alumnos en sus clases de Lengua y Literatura. Seguro que muchos turistas lo hicieron hace décadas pero, casi ninguno recuerda, que La Celestina nació en tierras del Cid. Mientras, un museo- el único dedicado al mundo del libro en Burgos- recuerda en su nombre a Fradrique de Basilea; la figura del impresor que dio forma a la tragicomedia más importante de todos los tiempos.

Las estatuas viajeras del Palacio Real

L. Sierra Los vínculos que unen Burgos con Madrid son de sobra conocidos. Además compartir desde hace siglos nudo de comunicaciones, ambas ciudades otrora castellanas y ahora madrileña y castellano y leonesa comparten un vínculo de unión que no todos los burgaleses conocen. Desde el siglo XIX, algunas de las estatuas erigidas por Felipe V en el siglo XVIII para que el pueblo de Madrid conociera la historia de los reyes de España desde sus inicios en los alrededores del Palacio Real reposan desde entonces en uno de los paseos más emblemáticos de la ciudad: el Paseo del Espolón.

Pero el viaje de estas cuatro estatuas comenzó mucho antes del siglo XVII cuando Carlos III e Isabel II donaron las mismas al Ayuntamiento de la ciudad. En concreto, se inició en el momento en el que Felipe V mandó construir sobre el solar del Real Alcázar, espacio malogrado a consecuencia de un incendio, un nuevo palacio con los cánones y la estética del siglo XVIII.

Fue así como el arquitecto Filippo Juvara con ayuda de Ventura Rodríguez dieron forma a un bello edificio que hoy es un emblema de la capital española. Un Versalles español construido más de cien años después que el emblema francés, con el que guarda cierta similitud, y que dispone de una extensión de 135.000 metros cuadrados y más de 3.000 habitaciones duplicando nada más ni nada menos que al  Palacio de Buckingham y siendo reconocido como “uno de los más grandes del mundo”.

Muy cerca de esas miles de habitaciones en las que moraron monarcas de todas las épocas siendo el último en hacerlo Alfonso XIII, se encuentran las famosa estatuas del Palacio Real. Un conjunto escultórico compuesto por 108 ‘habitantes reales’ para un lugar irónico: la Plaza de Oriente, aunque su destino inicial era la parte superior del palacio.

Las estatuas del Palacio Real en el Paseo del Espolón de Burgos. / R. Ordóñez

En concreto, la plaza que se encuentra frente a la fachada este del palacio pasó de ser un lugar de tránsito y mercadeo para convertirse en la morada de las “glorias reales”. En este espacio se concentró toda la monarquía hispana desde la época de los reyes godos pasando por los astures, la dinastía de los Trastámara, los Austrias y los Borbones.  En total, 108 estatuas que, además de reyes, se completaron con personajes de peso para la España del momento como los emperadores de América.

El sueño de Carlos III

Aunque llegasen a ocupar la Plaza de Oriente, cercana al Teatro Real, la idea era que estas bellezas de la escultura ocupasen la parte alta del palacio. Su destino no era otro que coronar las cuatro fachadas del inmueble, aunque esta idea quedó en saco roto después de que, según cuenta la leyenda, Carlos III mandara retirar las que ya se habían colocado tras haber soñado que el palacio se derribaba con toda su familia dentro.

Sea como fuere, las estatuas fueron retiradas de la parte alta y colocadas en la zona ajardinada donde hoy todavía son admiradas por curiosos y turistas de todos los rincones aunque no todas reposan en Madrid.

El viaje a Burgos

Se sabe que no todas las estatuas ocuparon la Plaza de Oriente por falta de espacio. Según las crónicas consultadas, el traslado y la búsqueda de destino para algunas de ellas comenzó durante el reinado de Carlos III. El monarca donó algunas estatuas a distintas ciudades “amigas”, aunque el impulso definitivo habría de darlo la reina Isabel II que, en 1868, decidió que cuatro de las más emblemáticas fueran a parar a Burgos al recién construido Paseo del Espolón.

La ‘Reina Castiza’ eligió el palacio isabelino para acomodar a una parte de los ilustres de la Historia de  España. Llegaron en dos tandas durante los años 1788 y 1868. Así, pasaron  a morar en Burgos: el conde Fernán González, San Millán de la Cogolla, Fernando I, Teodorico I, Juan I, , Alfonso XI, Enrique III y Alfonso VI.

Desde entonces, los ocho reyes-colocados frente a la casa consistorial formando un cuadro- dan la bienvenida a los caminantes del paseo que diseñara la marquesa de la Viñuela y que traza el recorrido del Arlanzón en el corazón de la ciudad castellana.

En pleno siglo XXI, los cuatros reyes siguen en el mismo espacio donde se colocara una lápida como señal de agradecimiento hacia Carlos III e Isabel II. Su largo viaje culminó en el lugar de origen de los monarcas que dieron origen a esas estatuas y que, tras muchos años, consiguieron regresar un poco más cerca sus casas.

En otros rincones

Las estatuas del palacio madrileño pueden verse en la actualidad en bellos rincones como los Jardines de Sabatinni y el Retiro de Madrid, además de en la Plaza de Oriente.

Fuera de la capital española, y al igual que ocurriera en Burgos, el Parque de la Florida de  Vitoria acoge las imágenes de Ataulfo y Galla Placidia, mientras que la estatua de Alfonso VII puede verse junto a las murallas de Toledo.

Un mordisco a la Gran Manzana

Sería imposible resumir en un solo artículo todas las cosas que se pueden hacer en Nueva York. La Gran Manzana, es una de las ciudades más pobladas de Norteamérica y de todo el mundo. Tiene tantas cosas que ver, que podríamos pasar toda una vida allí y no llegar a conocer ni siquiera uno de los cinco distritos: Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens, y Staten Island.

Por eso en esta ocasión voy a dedicarme a la isla de Manhattan, probablemente la zona del mundo donde más películas se han inspirado. Allí podemos visitar la casa Tiffanys donde sucede la historia de Holly Golightly, localizada en la esquina de la Quinta Avenida y en la Calle 57.

Sin embargo, uno de los rincones que más fama ha ganado en los últimos años es el Museo de Historia Natural. Este espacio situado en unos terrenos ajardinados enfrente de Central Park, se compone de 27 edificios interconectados que albergan 46 salas de exposición permanentes, laboratorios de investigación y su famosa biblioteca. Ha sido el escenario de la película Noche en el Museo y su secuela. Pero, además de eso, cuenta con más de 32 millones de especímenes.

No podemos olvidar en este recorrido por Manhattan del famoso Central Park. Creo que no nos hacemos realmente a la idea de lo grande que es hasta que no lo vemos con nuestros propios ojos, lo sé por experiencia. Es casi dos veces más grande que Mónaco y casi ocho veces más que la Ciudad del Vaticano. Un sinnúmero de largometrajes y cortometrajes se han rodado eligiendo el famoso Central Park como fondo. Entre 1821 y 1855 el área metropolitana de Nueva York cuadruplicó su población y la gente tenía pocos espacios abiertos a los que acudir e iba principalmente a los cementerios para alejarse de la ruidosa y caótica vida de la ciudad. Poco después, Andrew Jackson Downing comenzó a hacer pública la necesidad que tenía la ciudad de un parque público en 1844. Un lugar elegante para la conducción al aire libre, como el Bosque de Boulogne en París o el Hyde Park de Londres, fue el motivo por el que muchos neoyorquinos influyentes apoyaran la idea.

Aunque podríamos continuar describiendo lugares emblemáticos de la ciudad, creo que ninguno se puede comparar al famoso Empire State Bulding. Este rascacielos situado en la intersección de la Quinta Avenida y West 34th Street fue el edificio más alto del mundo durante más de cuarenta años (hasta 1972). Tan alto que ni el mismísimo King Kong pudo resisirse a escalar para escapar de una ciudad poco amistosa con él. El Empire State Building también tiene una atracción de un simulador de movimiento, situado en el segundo piso. Inaugurado en 1994 como un complemento a la plataforma de observación, el New York Skyride (o Skyride NY) es una simulación de viaje aéreo por la ciudad. La presentación dura aproximadamente 25 minutos.