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Diversión en la nieve: Leitariegos y San Isidro

Y tenemos nieve en la provincia. A pesar del temporal, las oportunidad para disfrutar de la nieve son más numerosas esta temporada que la anterior. Por lo que en el blog de esta semana vamos a hacer un repaso por las dos estaciones invernales de la provincia de León: Leitariegos y San Isidro.

Leitariegos

Enclavada en el municipio de Villablino en la comarca de Laciana, ha sido declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, y limita con el Principado de Asturias. Se puede llegar desde la provincia de León por la carretera LE-497 desde Caboalles de Abajo o desde la provincia de Asturias por la carretera AS-213 desde Cangas de Narcea.

Es una de las estaciones más pequeñas de la península, sus pistas son sencillas,  por lo que es perfecta para principiantes y para familias que pueden disfrutar de la belleza de las vistas.

Entre los servicios que ofrece se encuentra el bar-restaurante, alquiler de material de esquí, megafonía, párking, escuela de esquí, remontes con una capacidad de 5.500 esquiadores/hora, guardaesquíes, evacuación de heridos, merendero y otras.

La Escuela de Esquí de Leitariegos ofrece a los alumnos un cuidado servicio profesional y siempre con la máxima calidad. Para garantizar la calidad en la enseñanza, los profesores cuentan con titulación Oficial como Técnicos Deportivos en Deportes de Invierno, así mismo realizan cursos de reciclaje con el fin de actualizarse en las nuevas técnicas y metodologías de la enseñanza.

San Isidro

La estación de esquí de San Isidro, inaugurada en 1974, está situada en el puerto homónimo de la cordillera Cantábrica. La estación, que cuenta con grandes posibilidades de ampliación, tiene 27,5 kilómetros de pistas esquiables, distribuidas en cuatro sectores: Requejines, Riopinos, Cebolledo y Salencias-La Raya, perfectamente comunicados entre sí. El nivel de las pistas es desde principiante hasta experto, con 5 pistas verdes, 9 azules, 13 rojas y 4 negras, sumando un total de 31 pistas, además de un circuito de fondo balizado, permitiendo la práctica de cualquiera de las modalidades de esquí moderno.

En los últimos años, San Isidro está viviendo una época de expansión, con un aumento sostenido de los forfaits vendidos y una mejora del número de días en los que está abierta la estación. Ésta es también una de las que más ha crecido en cuanto a número de usuarios y es de las que más abonos de temporada venden en el territorio nacional.

La estación invernal de San Isidro se encuentra dividida en cuatro zonas esquiables. Cebolledo, que cuenta con un total de siete pistas distribuidas entre los 1.680 y los 2.010 metros de altitud y que se clasifican en dos verdes (Rebeco y Debutantes), dos azules (Cebolledo y Travesía), cuatro rojas (los Sentiles, el Circo, el Toneo y Gran Cañón) y dos negras (la Solana y la Collada). Dispone de cuatro remontes mecánicos, que son un telesilla cuatriplaza desembragable, un telesilla biplaza, un telesquí (cerrado y fuera de funcionamiento) y dos cintas transportadoras. Cebolledo se considera el centro de la estación por su nivel de dificultad medio-alto, su zona de debutantes y por ser el acceso a los sectores de Requejines y Riopinos. Tiene un dominio esquiable de 8,245 km, 3 de los cuales se encuentran innivados por los 53 cañones que se encuentran en funcionamiento en la zona.

Requejines, que cuenta con un total de cinco pistas distribuidas entre los 1.810 y los 2.040 metros y que se clasifican en una verde (debutantes Requejines), una azul (las Liebres), tres rojas (Peñanevares, Respina y las Fuentes) y una negra (El Silencio). Cuenta con tres remontes mecánicos, que son un telesilla cuatriplaza, un telesquí y un telebaby. Requejines es una zona de iniciación por el predominio de las pistas fáciles intercaladas con otras de mayor dificultad. Desde este sector se accede a otras rutas fuera de pista muy conocidas entre los esquiadores expertos, como las de Peñanevares-Valle del Silencio y la del Pico Agujas. Tiene un dominio esquiable de 4,950 kilómetros, ninguno de ellos innivado.

Riopinos, que cuenta con cinco pistas, situadas entre los 1.675 y los 2.000 metros de altitud y clasificadas en una verde (debutantes Riopinos), dos azules (del Oso y Curueño), dos rojas (el Valle y Vegarada Exprés) y una negra (los Cazadores). Cuenta con tres remontes mecánicos, un telesilla biplaza, un telesquí y una cinta transportadora. Desde esta zona se accede además al fuera de pista de los Tubos del Toneo, que después de 500 metros de desnivel termina en la zona de Salencias. Tiene un dominio esquiable de 5,225 kilómetros, ninguno innivado.

Salencias es la zona más baja de la estación, cuenta con ocho pistas distribuidas entre los 1500 y los 1640 metros de altitud y clasificadas en una verde (debutantes de Salencias), dos azules (los Piornos y la Tortuga) y tres rojas (las Lomas I, las Lomas II y la Perdiz). Cuenta con 3 remontes mecánicos, dos telesquís y un telebaby.

Ya en el Principado de Asturias, y dentro de la misma estación, se encuentra la zona de la Raya, que cuenta con una pista azul (la Raya) y dos pistas rojas (F-1 y F-2) teniendo como remonte un telesquí.

Las sorpresas del río Oza

El río Oza es un pequeño caudal de agua cristalina que nace en las estribaciones de los denominados Montes de León, cuyo pico más alto es el Monte Teleno, con más de dos mil metros de altitud. Siguiendo la cresta que conforma esa pequeña cordillera al oeste de la provincia leonesa nos encontramos con el Morredero. Paso antiguo entre las gentes del Bierzo, Cabrera y Maragatería hacia las zonas de Sanabria en Zamora. “Morir” de frío, con neveros que resistían hasta bien entrados los veranos era una ruta de mulas y carruajes de arrieros, pastores y trabajadores eventuales del campo.

De las nieves caídas en el Morredero nacen varios manantiales que dan forma al río Oza. Río que por el sinuoso valle que transcurre hasta llegar a Ponferrada -nunca abandonamos tierras de ese término municipal- conforma un valle que se confunde en la nomenclatura a veces con el Valle del Silencio. Éste último tiene como punto más alto el denominado Campo de las Danzas a los pies del Aquina. Y con el Valle del Oza conforma una extensión agreste donde hace siglos los monjes establecieron varios monasterios alejándose de todo el mundanal ruido, guerras y pestes medievales.

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Ascendiendo el Oza topamos con la planta potabilizadora que da de beber a la mitad de la capital del Bierzo, Ponferrada, y con varios pueblos que guardan a duras penas la tradicional arquitectura berciana en sus casas. Las influencias gallegas y las maragatas se notan en estas construcciones de piedra y madera originales. Los amantes del senderismo tienen aquí una ruta ideal. Los de la gastronomía comarcal encontrarán algún que otro establecimiento donde el pote, el botillo y los caldos del país hacen las delicias del viajero.

En medio de la ascensión, antes de llegar a Peñalba, la carretera hace un giro brusco a la derecha y se adentra por buen camino en busca de Montes de Valdueza, a cuya entrada se ha acondicionado un amplio aparcamiento que, tarde ya, pretende sacar del aislacionismo a este lugar, menos afortunado que Peñalba en la llegada de los servicios básicos, cuando también merece por historia, entorno y arte entrar en letras mayúsculas en los nombres del Bierzo. El monasterio de San Pedro de Montes, monumento nacional desde 1931, fue creado por San Fructuoso en el siglo VII sobre un pequeño castro astur romanizado. San Valerio levantó la base de la actual construcción, aunque las constantes modificaciones fueron ampliando y configurando el aspecto actual.

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Perteneciente a la Parroquia de la Basílica de la Virgen de La Encina en Ponferrada, se ha actuado en su desescombro y su tejado. Pero aún falta casi todo por hacer para poder disfrutar de este importante edificio con no menos interesante iglesia y sacarlo de la ruina al que parecía abocado. La visita está guiada y acompañada por personal voluntario y a fe que merece la pena.

En el interior del templo encontraremos a la pequeña Virgen de la Aquiana, venerada en todo el Valle y cuya fiesta reúne a la escasa población que aún sobrevive a las incomodidades de los inviernos duros y agrestes de la zona.

Pero sin duda franquear la entrada al templo de Peñalba proporciona siempre un desmedido respeto similar al que el visitante obtiene entrando en Santiago el Mayor, en Galicia; y sin embargo nos encontramos en un templo pequeñito muy desvencijado por el paso del tiempo y que a duras penas se logra mantener abierto y aseado para recrearnos en su dimensión real de hace tantos siglos.

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La iglesia mozárabe es un lujo en un andurrial eremita, con semejanzas en otras pequeñas iglesias de pueblos bercianos como Campo y Santo Tomás de las Ollas. El trabajo mozárabe es claro por sus arcos de herradura. La influencia musulmana en tiempos donde las dos religiones se entremezclaban por el trasiego de gentes que huían de uno y otro lado es notorio. El monasterio en sí, no deja de ser un pequeño volumen pétreo donde vivían aislados en las alturas entre media docena y una docena de monjes.

Aquí fueron donadas la Cruz de Peñalba y el Cáliz de Peñalba por los reyes leoneses. Y sin embargo, ambas joyas se encuentran fuera no solo de su lugar de origen, sino de la propia comarca berciana. Lo que denota la pérdida de influencia y poder de sus tierras y gentes hasta hoy en el siglo XXI.

Lugares para los amantes de la naturaleza. Santiago de Peñalba es reconocido como uno de los pueblos más bonitos y singulares de la península ibérica por haber logrado conservar su estructura urbana. Calles y casas son todo un monumento que hacen de la aldea un lugar de cuentos medievales.

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Y si todavía restan fuerzas el viajero puede salir al sendero que remonta aún más el río que se vuelve reguero hasta las cercanías de la Cueva de San Genadio, obispo de Astorga y eremita en cuya gruta, visitable, cada vez más personas con fe o sin ella encuentran el lugar de descanso de una jornada llena de sensaciones y buenas sorpresas.

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